Vicente Maldonado
“La fe y esperanza de un mundo seguro y habitable, recae en personas que se dedican a la justicia, la paz y sobre todo a lograr la felicidad de su pueblo”.
En las sociedades modernas y democráticas los partidos políticos juegan una serie de relevantes funciones para la sociedad y el Estado por su importante contribución a los procesos electorales y a la integración de las instituciones de representación y de gobierno, en que los partidos políticos son actores fundamentales; de la socialización política, de la formación de la opinión pública, de la dinámica del sistema de partidos que ofrece a la sociedad diversas opciones de proyectos y programas políticos, al tiempo que permite un juego institucional de pesos y contrapesos necesario a la vida democrática. En tiempos electorales es natural que los actores políticos pongan en juego todas sus artes para ganar la voluntad de los electores, pero muchas de las veces no emplean medios morales para lograr alcanzar sus objetivos. La conducta ética reclama que el cumplimiento de la ley se vea acompañado del principio de responsabilidad. Y eso vale para todos los actores: el candidato que promete cosas que sabe que no podrá realizar; el medio que difunde informaciones no probadas, el político que escandaliza con el único propósito de llamar la atención, pervierte los fines de la lucha electoral, porque renuncia a manifestar sus verdaderas posiciones, sus diagnósticos y propuestas, sus intereses y en esa medida, a recrear la pluralidad que nutre y da vida a la democracia. De cara a la realidad democrática, la responsabilidad de los partidos se incrementa, como responsables directos de un Estado democrático. Los partidos deben ser capaces de hacerse cargo de la compleja vida democrática. Nuestra consolidación democrática no avanzaría, si no es por obra y disposición de los propios partidos políticos.
En nuestro país se presenta el reto y la oportunidad de alentar la calidad del debate público y de aminorar algunos fenómenos como el abstencionismo, la apatía, que en rigor expresan el grado de credibilidad en los partidos y las instituciones representativas. Para ello, en el accionar de los partidos políticos es necesario que la búsqueda del triunfo electoral no sea en sí mismo el fin o la meta única, sino sólo un importante y necesario paso para incidir de mejor forma en el progreso del bienestar social, así como para hacer patente un sentido de responsabilidad en la conducta de los actores políticos.(O)
