Por: Sandra Beatriz Ludeña
En medio de este tiempo lleno de interrupciones laborales por los apagones de luz generados por la crisis energética que enfrenta el país, cabe pensar, en las soluciones que podemos encontrar. La verdad es que sin luz eléctrica no se hace nada, mas, este tipo de problemas pueden llevarnos hacia cambios significativos socialmente, ahora lo explico:
Henry Ford en su calidad de autoridad de la industria automotriz, con su gran visión para generar estrategias en tiempos de crisis, nos propusiera si estuviera vivo, que se flexibilice las jornadas laborales, él en su época instauró la jornada de ocho horas en su empresa Ford y, ese cambio en aquellos tiempos, cuando se estilaba trabajar doce horas diarias, llegó a generalizarse en el mundo y perdurar hasta la fecha, él se basaba en el criterio de que empleado descansado es empleado productivo.
Ford tenía la idea de que “no importa cuánto tiempo estamos en el trabajo, sino qué se hace con ese tiempo”. Partiendo de esta premisa, ahora nos vemos exigidos a pensar en términos del tiempo laboral relacionado con uso energía eléctrica. Por esto, no resulta mala la idea de colapsar el tiempo laboral, o flexibilización de la jornada laboral para eficientizar el uso de luz eléctrica.
Recordemos que en la pandemia por COVID-19 ya se flexibilizó la jornada laboral mediante estrategias de: teletrabajo, horarios flexibles, jornada intensiva, semana laboral comprimida. Con base en estas experiencias, hoy el reto es pensar ¿cómo ahorramos energía eléctrica? En estos días leí con agrado una propuesta provenientes de las Cámaras de la Producción, en la que se planteaba flexibilizar horarios, para trabajar en horarios desde 7h00 en jornadas de 10 horas diarias, tratando de aprovechar al máximo la luz del día, y en semanas comprimidas de lunes a jueves, la estrategia inclusive planteaba dos turnos semanales (uno, de lunes a jueves y otro, de jueves a domingo).
Este proyecto cobra sentido para enfrentar la emergencia energética, pero podría ir más allá. Colapsar el tiempo laboral y adecuarlo al ahorro de energía eléctrica podría también crear un cambio de mentalidad social en las empresas y sus trabajadores, pues, los dependientes tendrían la oportunidad de salir del molde de jornada fija de 8 horas laborables diarias, con descanso obligatorio de sábados y domingos, dando así un paso hacia otras formas de pensar, para optimizar el empleo del tiempo.
Hay tanta gente atada a horarios laborales, lamentándose por no tener tiempo para sus cosas personales, una flexibilización a cambio de ser más eficientes tanto productivamente como con el uso de la energía eléctrica, me parece una salida inteligente que nos viene bien a todos.
