Efraín Borrero Espinosa
Hace setenta y ocho años nací en el recordado “Barrio de la Sucre”, calle Sucre entre Catacocha y Lourdes, parroquia San Sebastián, en las delicadas manos de Julia Esther González Delgado quien había obtenido su título profesional de obstetra en la Universidad Central en 1923, y que años más tarde junto con su hermana Margarita, que también obtuvo el título profesional de obstetra en la Facultad de Medicina de la misma Universidad, realizaron una labor humanitaria en el pensionado de maternidad instalado en su casa particular, situada en la siguiente cuadra hacia el sur de la ciudad.
Posteriormente, el eminente médico, catedrático universitario y periodista identificado con las nobles causas de la región sur, Hugo Guillermo González, tuvo el proyecto futurista de dotar a Loja de una Clínica especializada en Maternidad, a fin de poner al servicio de la colectividad los conocimientos adquiridos.
Con el respaldo de su tía Julia y su madre Margarita concretaron la fundación de la Clínica de Maternidad Loja, en la cual trabajó desde su fundación en el año 1960 hasta 1978, año en que sufrió un infarto que colapso su vida y su actividad profesional.
En el año 2021 sus hijos: Hugo, Fabián y Lucía tomaron la iniciativa de hacer de ese inmueble la “Casa La Maternidad” para convertirlo en un centro cultural que rinde homenaje a la literatura, arte y diseño, y que, al mismo tiempo, exalte la memoria de su ilustre padre, Hugo Guillermo González.
El “Barrio de la Sucre” fue un enjambre de distinguidas familias entre las cuales primaba el más alto respeto y consideración. Era una verdadera hermandad. Los niños y jóvenes llevábamos bajo el brazo el Manual de “Urbanidad y Buenas Maneras” de Manuel Carreño, texto que no obstante haberse escrito en 1863 sigue siendo un referente de valores para el sano convivir social.
Destacadas personalidades fueron la égida de esas familias, algunas de las cuales conservo en mi memoria y que brevemente resalto a continuación:
Ángel Rubén Garrido, nacido en Loja el 17 de abril de 1900, casado con Adriana Jaramillo Palacio, uno de los artistas plásticos lojanos más representativos de la primera mitad del siglo XX a quien José Carlos Arias Álvarez dedicó su hermoso libro “Ángel Rubén Garrido, Lenguaje de las manos que conjugaron arte y devoción”, en el que reseña elocuentemente su trayectoria artística.
En una nota de prensa de Diario El Comercio, correspondiente a la edición del 7 de noviembre de 2014, “Félix Paladines, presidente del Núcleo de Loja de la CCE, anota que cuando joven, Ángel Rubén Garrido estudió en la Escuela de Bellas Artes de la capital de la república y fue alumno y ayudante de taller de Víctor Mideros, de quien asimiló la exquisita perfección de la Escuela Quiteña y, de manera práctica, muchas técnicas, especialmente en la producción de obras de carácter religioso, en las cuales Mideros y Garrido alcanzaron sus mejores logros”.
Fue padre de Edgar Garrido Jaramillo quien se destacó por su abnegado servicio a la provincia de Loja desde varias funciones, especialmente como diputado en los períodos 1979- 1984 y 1998- 2003. Su paso como presidente de la Asociación Lojana en Quito, junto con su esposa María de Jesús Ortega Espinosa, dejó una huella de trabajo fecundo,
Emiliano Ortega Espinosa, nacido en Loja, el 8 de agosto de 1898; casado con Julia Jaramillo Carrión, hombre espiritual y filósofo social no solo en el servicio educativo sino también en la creación artística, como se califica a este egregio lojano. Era muy refinado, culto y bondadoso, podríamos decir un alma de Dios. Su inspiración perdura entre los lojanos. Cuando caminamos por las “Orillas del Zamora”, ribeteadas por verdes saucedales, el recuerdo de su cálida figura está presente.
Padre de diez hijos entre los cuales podemos destacar a Rubén Darío, distinguido abogado, catedrático universitario, magistrado de la Función Judicial y escritor que con su pluma ha recorrido el campo de la literatura en diversos géneros, así como del Derecho. Como alcalde entregó toda su capacidad para procurar el desarrollo de Loja; Eugenio Noel, al igual que su padre, dejó a la posteridad una creación poética y musical consistente, a la vez que sustentada en su vocación de cantautor connotado; y, Benjamín Ortega Jaramillo, “el cantor lojano por excelencia”, escribió cientos de poemas y también de canciones; era reconocida su habilidad para las coplas de amor y picarescas, y también para los amorfinos. Conocido cariñosamente como el ‘Gato’ Ortega.
Raúl Moisés Ruiz Bermeo, nacido en Loja el 27 de abril de 1912, casado con Celia Victoria Ortega Peralta.
Destacado profesor normalista que apasionadamente dedicó su vida a la formación de la niñez y juventud, cumpliendo importantes funciones en el magisterio provincial y regional.
En el ámbito del desarrollo comunitario hizo realidad varias y valiosas iniciativas, como el Plan de Letrinización de la Provincia de Loja, una campaña vinculada a la Educación Sanitaria Preventiva que fue muy aplaudida.
En el año 2012 la familia Ruiz Ortega publicó un libro que contiene la “Vida, pensamiento y obra de Raúl Moisés Ruiz Bermeo”, que devela una trayectoria de vida ejemplar reconocida con varias condecoraciones y acuerdos por parte de algunas instituciones.
Su hija, Sonia de Lourdes, es una mujer admirable y llena de valores y vocaciones; promotora incansable de la defensa clasista e igualdad de género en toda circunstancia. Como abogada es experta en la defensa de los derechos de la mujer.
Junto a la casa de mis padres estaba la de Leopoldo Victoriano Palacios Moreno, defensor de las causas de los trabajadores; dirigente deportivo y dedicado al apostolado de la educación. Su trato amigable y jovial, así como su inseparable sonrisa conferían una característica singular a su personalidad.
Una de sus hijas es la brillante ingeniera Eleanor Palacios Álvarez quien preside la Asociación Lojana en Quito con enfoque humanitario y de servicio a la comunidad, y conduce exitosamente su empresa familiar Caintel dedicada a la provisión de servicios en el área eléctrica y de telecomunicaciones.
Al frente estaba la casa de Rosa Benigna Jaramillo Carrión, madre en primeras nupcias de Jorge y Raquel Álvarez Jaramillo, padre y tía de los hermanos Álvarez Toledo, destacados profesionales; y, en segundas nupcias, madre de Luz María y Guillermo Isidro Cisneros Jaramillo, prestigioso médico ginecólogo que desarrolló su exitosa actividad profesional en Quito. Presidió la Sociedad Ecuatoriana de Ginecología y Obstetricia Capítulo Pichincha y fue Director-Editor de la Revista Ecuatoriana de Ginecología y Obstetricia.
Muy cerca estaba la casa que habitaban sus hermanas Zoila y Etelvina Jaramillo Carrión, quienes guardaban celosamente el secreto para la elaboración de las más exquisitas quesadillas y otros dulces que se hayan degustado. Eran los preferidos para enviarlos a otros sitios del país y el exterior.
Un importante punto de referencia en el barrio era la casa de Victorita Witt Añazco, madre de mis parientes los “Guanchacos” Jorge, Luis, Alberto y Toño Espinosa Witt.
Otros distinguidos vecinos fueron: Ramón Homero Correa, abogado, profesor y director de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional de Loja; Luciano Lasso Ortega, distinguido jurisconsulto, Decano de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Loja; Lauro Mogrovejo Quevedo, padre de Hermel, Teófilo, Jorge y Lauro Rodrigo Mogrovejo Carrión; el señor Terán propietario de un almacén de telas, quien recibía de vez en cuando la visita de Assad Bucaram Elmhalin, que con sus “bobelinas” al hombro ofrecía mercadería. Lo de la “troncha” y del “toma y daca” fue posterior, cuando ejerció la presidencia de la Cámara Nacional de Representantes en 1978.
En 1963, el señor Terán acogió a su sobrino el maestro Galo Terán Arteaga, oriundo de Riobamba quien vino a visitarlo; se encantó con la hospitalidad de los lojanos y se quedó para siempre. Poco tiempo después fue parte del cuarteto de cuerdas compuesto por Marco Tulio Idrobo, Gonzalo Guerrero y Edmundo Guerrero. Posteriormente tuvo un rol protagónico en el Conjunto Universitario, y por pedido de Édgar Palacios ingresó en calidad de profesor contratado al Conservatorio de Música Salvador Bustamante Celi, en 1970.
Las familias Atarihuana, Piedra, Muñoz, Bravo, Hinostroza, Ludeña y Carrión, eran un encanto de personas.
Probablemente se escapa la referencia de alguna familia de ese hermoso vecindario por culpa de la fragilidad de mi memoria, y porque mi querido hermano Iván, quien me nutría de información, decidió emprender el viaje sin retorno.
Lo dicho pone en evidencia que el “Barrio de la Sucre”, en el que disfruté mi niñez, fue un conjunto de distinguidas y destacadas familias entre las cuales primaba una hermandad concebida en los mejores términos.
Es de suponer que entre ciertas familias la relación de amistad era muy cercana y hasta íntima, a tal punto que los convites eras frecuentes, y los consejos no faltaban para tal o cual acontecimiento familiar, como cuando se organizó una boda y las sugerencias llegaron hasta la programación de la luna de miel, que según la leyenda tiene su origen en la antigua Roma, en donde las bodas se celebraban sólo bajo la luna llena. La madre de la novia era la encargada de dejar una vasija con miel de abeja en el dormitorio donde iban a dormir los novios, porque se consideraba un vivificante de la fertilidad.
Los recuerdos del “Barrio de la Sucre” se mantienen indelebles en mi mente y en mi corazón, pero sobre todo evocan aquella vida en nuestra Loja franciscana y aquellos tiempos inolvidables que siempre fueron mejores.
