Por: Fredy G. Paredes Cuenca
La responsabilidad de vivir la mejor vida posible es un principio que todos deberíamos adoptar, pero como lo consigo en un mundo en el que mis expectativas no son como yo me las proyecto, ni se ajustan a mis anhelos, más aún, se alejan de parecer a lo que me imaginé cuando era un infante. Sin embargo, la realidad, las circunstancias o como lo llamaremos hoy, los factores externos a nuestra voluntad, juegan un papel extremadamente decisivo.
Aunque parezca inverosímil, la realidad que es una construcción propia de cada individuo, que puede ser una manera individual de interpretar el entorno, todos hacemos uso de nuestra percepción de todo lo que nos rodea; lo que no se trata de únicamente recibir estímulos de lo que nos rodea sino, lo que estos estímulos generan en nuestro interior y como nos afectan en el día a día. La percepción de lo que nos rodea va más allá del estímulo, se constituye en el inicio de múltiples fenómenos internos que fisiológicamente se producen en el cuerpo de cualquier ser humano.
En el camino de la búsqueda de vivir la mejor vida posible es crucial entender estos fenómenos que se encuentran en el interior, pues de ahí emana el efecto que hace que pensemos de cierta manera, lo que nos hace actuar de manera definida a ese pensamiento, comportamiento que se hace visible hacia el exterior a nuestros semejantes que van a interpretar la conducta que adoptamos, dicha interpretación de las otras personas está sujeta a sus también propios procesos internos.
Epicteto de Frigia (50 – 130 d.C.) instó a no preocuparse por lo que no se puede controlar, él conocía en carne propia la manera de hacerlo, porque casi toda su vida fue esclavo de Epafrodito, quien le concedió la libertad. Su manumisión alrededor de los 37 años le permitió desarrollar su propia escuela filosófica. La visión epictesiana nos dirige hacia el control de la percepción de los denominados factores externos.
La forma de percepción es la clave; amigo lector ¿qué tan difícil puede ser asir el agua entre los dedos? Sin duda, es una tarea poco que imposible, en un estado susceptible esta situación nos podría generar frustración. Los factores externos que influyen sobre cada persona siempre van a estar de una u otra manera con mayor o menor fuerza, todos ellos fuera del control voluntario de las personas.
Lo que sí podemos controlar, entonces, es la forma de pensar, la conducta, la actitud, lo que permite tener otra visión del mundo que nos rodea, lo que nos proyecta a una manera distinta de afrontar los eventos, pudiendo recibirlos con positivismo, porque son oportunidades para crecer como personas, que pueden modular nuestra conducta hacia la sobriedad, que pueden hacer de nuestra actitud la mejor ante cualquier factor o evento que llegue a afectar nuestra área de confort, llevándonos a la ecuanimidad.
En conclusión, vivir la mejor vida posible es el resultado de la mejor manera de pensar, la mejor conducta y la más positiva actitud ante la vida… que le corresponde a cada uno.
