Santillana Educación es una empresa fundada por Jesús de Polanco en 1960 en Santillana del Mar, España; abarca un conjunto de editoriales dedicadas a la edición de libros de texto y contenidos educativos con presencia en España y los 19 países hispanoamericanos: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela; como también en Portugal, Reino Unido y los Estados Unidos.
Asomó con un lema alentador, aparentemente inocente que bien puede calar en la ingenuidad de algunos maestros: Pasión por enseñar, fuerza para transformar. Claro que en la educación le ponemos ganas, esfuerzo, entrega, voluntad, pasión; porque sabemos que así se lograría cambiar la situación económica, política y social de un pueblo. Nada nuevo porque eso mismo hacemos los maestros de Ecuador, Perú o Uruguay. De nuestra parte damos todo, quedando el resto a quienes manejan el poder político.
Pero ¿qué hay detrás de esta frase sugestiva? Una ideología y un interés económico. Abramos los ojos maestros: nos quieren someter a los paradigmas educativos españoles y quieren acaparar todos los mercados editoriales en Educación Inicial, General Básica y Bachillerato con libros de texto con contenidos que poco o nada tienen que ver con la realidad nacional. Claro que son libros elegantes con papel cuche, a full color, con imágenes sorprendentes y precios elevados. Nos confunden calidad con cantidad, queriendo volvernos maquiavélicos (el fin justifica los medios), por encima de todo.
Y hay cómplices en esta intrusión: la educación particular, fiscomisional y hasta la fiscal, por un lado y, por otro, el propio Gobierno nacional que ha permitido la introducción de esta transnacional, sin ponerle reglas de juego en el mercadeo de sus productos. No hay regulación alguna, están a la orden, pese a que, en los lineamientos del Plan Lector, punto 7 reza: “No se permitirá promover, direccionar e insinuar por parte de la institución educativa ningún tipo de convenios con editoriales para la adquisición de obras literarias para el Plan Lector Institucional”.
Es decir, están haciendo su agosto en octubre, aunque para justificar su presencia están incorporados autores nacionales como Etna Iturralde, María Fernanda Heredia, Carmen Borja y otros; pero los textos cuestan sobre los 10, 15 o 20 dólares y los docentes y las autoridades están muy de acuerdo porque reciben comilonas, coimas, computadores, tablets, cursos de capacitación, becas, claro porque les recompensa la cantidad y los precios del producto. De suerte que editoriales pequeñas, autores humildes que han dado su talento y experiencia toda su vida no pueden competir por más buena que sea su obra.
Frente a esta injerencia a la educación, algo debe hacer el Gobierno Nacional, el Ministerio de Educación, el de Cultura y Patrimonio y las instituciones educativas del país. Por ejemplo, hacer cumplir la sugerencia de empezar con obras de autores nacionales, luego latinoamericanos y universales; incentivar a las editoriales nacionales en proyectos de lectura a nivel nacional, involucrar directamente a los maestros escritores del Ecuador en planes y programas capaz de que se conviertan en protagonistas de una cruzada nacional de lectoescritura. Todo esto solo será posible con un Gobierno de convicción nacionalista.
