El baúl de los recuerdos: Vicente García y su protagonismo en la atención médica del seguro social en Loja

Efraín Borrero Espinosa

La seguridad social fue instituida en el Ecuador por nuestro ilustre paisano, Isidro Ayora Cueva, con la expedición de la Ley de Jubilación, Montepío Civil, Ahorro y Cooperativa, que creó la Caja de Pensiones, el 13 de marzo de 1928.

Luego, en 1937 se reforma la Ley del Seguro Social Obligatorio que incorpora el seguro de enfermedad y se aprueban los Estatutos de la Caja del Seguro Social de empleados privados y obreros.

Posteriormente, en 1970, se constituyó en el actual Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), mediante Decreto Supremo.

Así surgió la prestación de enfermedad en favor de los afiliados y la obligación del Seguro Social para brindarles atención médica gratuita, para cuyo efecto implementó clínicas y dispensarios médicos, comenzando en el año 1946 con la Clínica del Seguro en Quito y luego en otras ciudades del país.

En Loja, la Caja del Seguro Social estableció el primer dispensario médico en 1950, bajo la dirección del distinguido galeno Luis Guillermo Reyes, el mismo que funcionaba en un pequeño local de la casa de las hermanas Witt Añazco, situada en la esquina de las calles Bolívar y Miguel Riofrío.

Luego, el destacado médico, Vicente Fidel García Burneo, nacido en Loja el 7 de abril de 1928, quien había venido de Alamor cumpliendo una magnífica labor profesional y social, asumió dichas funciones dando inicio a una brillante trayectoria de servicio en la que su protagonismo produjo grandes transformaciones y avances para procurar que la atención médica a los afiliados a la seguridad social esté acorde con su dignidad y necesidades, tal como reseña su nieto, el respetable médico Santiago Guzmán García, en su libro “Vicente García Burneo. Un camino recorrido a su manera”, con el cual rinde un merecido homenaje de cariño, admiración y reconocimiento a su abuelo.  

Una de sus prioridades fue contar con una edificación propia y funcional para brindar a los afiliados un servicio de calidad. Aprovechando que la Caja del Seguro Social estaba planificando la construcción de un hotel de lujo y un bloque de oficinas destinadas a la propia institución, en el lote de terreno situado en la calle 10 de agosto, entre Lauro Guerrero y Manuel Agustín Aguirre, en donde antes había la edificación de ladrillo que sirvió para funcionamiento de la Zona Militar, Vicente García gestionó la inclusión de la construcción del Dispensario Médico, como en efecto ocurrió.

Fue en ese Dispensario Médico que conocí a Vicente García, un hombre extraordinario, gentil, servicial y de fino humor; pero, sobre todo, con gran calidad humana para asistir a sus pacientes, a muchos de los cuales, por su imposibilidad de acudir al Dispensario, los atendía personalmente en su domicilio.

Recuerdo la planta de profesionales médicos y dentistas que colaboraban con su gestión: Alberto Valdivieso Arias, Guillermo Serrano Galarza, Enrique García Valdivieso, Vicente Burneo Arias, Nicolás Arias Burneo, Víctor Manuel Gutiérrez Romero, Gonzalo Rengel Espinosa; Carlos Godoy Ordoñez y Vicente Jaramillo Regalado. Todos ellos, bajo la égida de su director, Vicente García Burneo, hicieron de esa dependencia de salud una casa amigable.

Las gestiones para procurar la implementación de servicios en el Dispensario Médico eran inagotables, así logró el montaje de un laboratorio y de los servicios de imagen por rayos X y algunas especialidades. Como no disponía de todas las medicinas celebró un contrato de provisión con la Farmacia del Pueblo propiedad de los hermanos Puertas Arias.

Ya que el Dispensario Médico no contaba con el servicio de hospitalización ni intervención quirúrgica, arrendó dos plantas en el Hospital San Juan de Dios, hoy llamado Isidro Ayora.

Considerando que se trataba de una necesidad impostergable realizó múltiples gestiones ante el señor obispo para que la Curia Diocesana cediera al Seguro Social el terreno situado en la esquina de las calles Bernardo Valdivieso y José Antonio Eguiguren, a fin de construir una clínica propia que contara con modernas instalaciones, quirófanos, sala de partos, emergencia y camas para hospitalización. El resultado fue exitoso y la clínica se construyó.

Dice Santiago Guzmán que esa clínica fue un gran paso en el servicio a los afiliados, ya que contaba con prestigiosos médicos, como los doctores: Jorge Tulio Ruiz, Francisco Benavides, Edgar Ochoa, Nicolás Arias, Víctor Hugo Martínez, Patricio Aguirre, Nelson Samaniego y Rigoberto Punín, entre otros.

Pero en la medida que el tiempo transcurría la clínica no se daba abasto para cumplir con la demanda en salud por parte de los afiliados, ya que también atendía a asegurados de las provincias de El Oro y Zamora Chinchipe. Entonces surgió un nuevo reto para Vicente García: pensar en la posibilidad de crear dos dispensarios: uno en Catamayo considerando el número de trabajadores de la Empresa Malca, y otro en Macará. Para este propósito contó con el apoyo de su gran amigo y excompañero Jaime Ríos que ostentaba el cargo de director general del Seguro Social.

Sin embargo, la visión de Vicente García tuvo un mayor alcance: hacer realidad la construcción de un hospital que cubra todas las necesidades en materia de salud para los afiliados. Aunque para algunos parecía una utopía, Vicente García se revistió de fortaleza y tesón para encaminar las gestiones. Santiago Guzmán recuerda que su abuelo le comentó los viajes que realizó a Quito, Guayaquil y Cuenca, lugares donde tuvo un sinnúmero de reuniones con directivos nacionales, regionales y provinciales a fin de exponerles  la necesidad de construir en la ciudad de Loja un gran centro hospitalario; lamentablemente el egoísmo hizo que la mayor parte de directores negara esa posibilidad aduciendo que ya había un hospital general en Loja y que no veían la posibilidad de otro en una ciudad tan pequeña.

Vicente García no se arredró ante las adversidades y luchó denodadamente para abrir las puertas que fueran posible. Aprovechó la oportunidad de una sesión del IESS prevista en la ciudad de Guayaquil con la participación de varias autoridades del directorio a nivel nacional y logró ser recibido. Con su lucida capacidad oratoria y la altivez que corresponde a un lojano, expuso en forma clara y precisa la acuciante necesidad de la construcción del hospital del Seguro Social en Loja, haciendo notorio que siempre hemos sido una provincia relegada por los poderes centrales. Al final de su intervención junto con los aplausos de felicitación por su vehemente exposición, recibió el visto bueno para la construcción del Hospital del IESS en Loja.  

Casi inmediatamente el director general del IESS le envió un telegrama comunicándole que, gracias a su gestión, ya estaban autorizados los recursos económicos para la compra del terreno y posterior construcción del hospital, disponiéndole que busque el terreno apropiado para ese fin.

Santiago Guzmán cuenta un hecho lamentable: Vicente García había localizado en la actual ciudadela Zamora un lote de terreno que ofrecía las condiciones y especificaciones adecuadas. Los propietarios imaginaron que el propósito era expropiarles y reaccionaron brutalmente lanzándole una pedrada que le causó un gran corte en su cabeza, perdiendo el conocimiento. Se despertó en casa de su amigo Vicente Jaramillo, quien junto con Vicente Rodríguez le dieron la atención oportuna.

Incansable en su empeño y con el amor infinito a su tierra continuó en la tarea de localizar el terreno, hasta que logró el propósito gracias a la colaboración del Municipio, en la llamada Quinta “Leonor”, al norte de la ciudad. La construcción del hospital se inició en el sitio que actualmente conocemos. El Hospital Regional del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social fue inaugurado con bombos y platillos el 18 de noviembre de 1989 y entró en operación de manera inmediata.

Directores del Seguro Social y representantes de la sociedad civil lojana solicitaron que se designe a Vicente García Burneo como primer director general de la flamante casa de salud, y que, en reconocimiento a su abnegada labor, lleve su nombre; pero él, con la sencillez de su ser grandioso desechó esas posibilidades, ya que todo lo que había hecho fue mirando el interés de los lojanos sin esperar la más mínima recompensa.

Meses después, mediante Resolución Legislativa, el Hospital del Seguro Social de Loja adoptó el nombre de “Manuel Ignacio Monteros”, en honor al lojano que se destacó en el área médica en la República de Cuba.

Vicente García Burneo, casado con la virtuosa dama zarumeña, Elsa Reyes Orellana, en cuyo matrimonio procrearon cinco hijos: Elsa María Yolanda, Ruth Alicia, Rafael Vicente Eduardo, Miriam Judith y Lucrecia Beatriz, dedicó cincuenta años de su vida a la medicina, lapso en el cual se vinculó a importantes organizaciones sociales, gremiales, académicas y científicas. Fue docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Loja y recibió múltiples reconocimientos.

La sociedad lojana lo reconoce como un hombre de bien y caballero a carta cabal; amante de su familia; amigo fiel; inteligente; brillante profesional y colmado de una honestidad acrisolada. Fue apreciado en sumo grado por sus valores y virtudes.

Falleció el 10 de febrero del 2023 dejando el recuerdo del hombre ejemplar que sirvió a Loja con absoluta entrega y dando muestras de lo que un buen lojano debe hacer para lograr el progreso de su tierra.