A ella

Y cuando inadvertido se avecine el ocaso

como infante en tus brazos, yo me refugiaré,

y sigilosamente como el viento, a tu paso

susurraré al oído que no te dejaré.

Navegaré en la senda de los tiempos ya idos,

buscaré en el recuerdo de aquellas dulces horas,

me saciaré del néctar de tus labios floridos,

y pulsaré tus manos piadosas, redentoras.

Te cuidaré deveras, como a las cosas bellas

más allá de la nieve, del sol, de las estrellas,

más allá de lo ignoto, más allá de la vida.

Arderé de pasión como llama encendida

y ante tu ser, santuario de oración, te diré

que más allá del tiempo, más allá te amaré.

Acf.