Trámites burocráticos que agobian en Loja

Santiago Armijos Valdivieso

Con razón se afirma que la realidad supera a la ficción. Una prueba de aquello la encontramos al comparar la novela El proceso de Franz Kafka con las penurias que a diario vivimos en Loja, al momento de impulsar un trámite burocrático ante la gran mayoría de entidades estatales y municipales. Hago la comparación con esta extraordinaria obra de ficción del consagrado escritor checo porque precisamente en esta, y a través del simbólico personaje Josef K, se describe la magnitud del agobio y terror ciudadano que puede generar el imperio y el abuso de las garras burocráticas, más aún si la sociedad es sumisa y conformista.     

Ejemplos kafkianos en nuestra realidad hay muchos y están al canto. Uno de ellos es el trámite de la matriculación vehicular, el cual está inundado de obstáculos, esto es, filas de espera interminables, problemas tecnológicos de sistemas informáticos (el Centro de Matriculación Vehicular de Loja ha suspendido su servicio por semanas y aún no lo ha reiniciado), presentación de papeles y más papeles, pagos tributarios en distintos sitios, autorizaciones repetitivas y un largo etcétera. Ahora, si de transferir la propiedad de un vehículo a herederos se trata, el asunto se torna imposible y kafkiano, dada la maraña de trabas injurídicas y carentes de sentido común, impuestas por burócratas indolentes que parecen abrazar el placer cuando impiden una básica pretensión ciudadana.    

Otro ejemplo recae en la tramitación de permisos de operación y funcionamiento para comercios o emprendimientos de cualquier índole, cuyo peso doblega hasta al más tenaz y positivo emprendedor, quien, en muchos casos, termina doblegado, frustrado e impotente.   Y esto no queda ahí, pues, superado el escollo del permiso de funcionamiento, los emprendedores deben someterse, permanentemente, a grandes exigencias, declaraciones, pagos tributarios y un sinnúmero de exigencias del Estado para sacar adelante su negocio.

Muchos gobiernos han ofrecido enfrentar esta lacerante realidad y han fracasado rotundamente.  Al contrario de las promesas gubernamentales, se percibe que el problema se agrava ante el agobio creciente de la ciudadanía. ¿Será porque no hay la voluntad y el peso estatal y municipal para hacerlo o porque el verdadero poder lo ostentan los burócratas atornillados en las entidades públicas? La respuesta y la solución la tienen las autoridades nacionales (presidente) y locales (alcaldes, prefectos y gobernadores), que de una vez por todas deben asumir su rol fundamental de velar por el progreso y bienestar de toda la ciudadanía. Por eso, siempre será necesario recordarles que los perversos y laberínticos trámites burocráticos no pueden seguir azotando a la ciudadanía.