Luis Antonio Quizhpe
En la entrega anterior hablé sobre uno de los métodos de interpretación de textos denominado psicocrítica que para el psicoanalista Carl Gustav Jung es el “inconsciente colectivo”. Hoy nos referiremos a otro procedimiento llamado narratológico o narratología, considerada como “disciplina que se ocupa del discurso en sus aspectos formales, técnicos y estructurales”. Es la teoría de textos narrativos e incluso teatrales.
Desde la Poética de Aristóteles, la narratología ha distinguido claramente entre dos conceptos complementarios: lo que se cuenta y cómo se cuenta. A lo primero se ha denominado historia, diégesis, fábula; y a lo segundo relato, discurso, intriga, trama. Las relaciones entre historia y relato y, sobre todo, el modo en que se estructura este último, es lo que dilucidaremos más adelante.
Entonces, toda historia de un texto narrativo está estructurada de cinco elementos: 1) los acontecimientos, 2) los personajes, 3) el tiempo, 4) el espacio, 5) la narración misma. Revisemos en qué consiste cada uno.
Los acontecimientos son actos, hechos o sucesos que se desarrollan consecutivamente desde una situación inicial e inestable hasta un desenlace donde se resuelve dicha situación y se alcanza una estabilidad. Los personajes, son cada uno de los individuos conscientes, reales o imaginarios que intervienen en la acción y viven los hechos narrados; pueden ser principales, secundarios, terciarios, ficticios, simbólicos, planos, redondos, etc.
El tiempo indica el orden y la duración de los acontecimientos que se cuentan y transcurre de forma lineal o natural; es decir, se suceden uno detrás de otro, aunque a veces se altera el orden, dándose las anacronías. El espacio es el marco o lugar donde suceden los acontecimientos y se sitúan los personajes; es el escenario y puede contribuir al desarrollo de la acción; también los espacios pueden ser ficticios o reales, dependiendo de las virtudes del narrador o de su imaginación creadora.
Y por fin tenemos la narración en sí que, si está bien concebida deber ser interesante, estar dotada de cierto suspense y una secuencia que conduzca al clímax. Para lograr todo ello el narrador debe organizar la acción, la sucesión de los hechos dándole una adecuada composición o estructura del texto.
Además, una buena narración debe estar provista de una estructura interna, donde cuentan la ordenación lógica, la que a su vez debe desarrollar el planteamiento del problema, el nudo y el desenlace. A más de que todo el cuerpo de la narración ha de contar con recursos lingüísticos. Si todos estos elementos se conjugan en un texto narrativo será posible asumir una interpretación sujeta a los cánones de lo que llamamos tercer nivel de lectura o lectura crítico-valorativa.
