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Todos coincidimos de que una de las causas de las diferentes crisis que viven nuestros países, es la relacionada con la deficiente educación.
Sin embargo, cuando analizamos, en detalle, las diferentes experiencias de la educación, no nos ponemos de acuerdo debido a que unos piensan que la educación debe ser neutra y otros afirmamos que todo proceso educativo tiene un contenido ideológico y por lo tanto es política.
Partimos del enunciado de Omar Villalobos de que “es verdad que, desde una perspectiva general, es legítimo afirmar que la educación pública es política, pues es dirigida por el Estado. Pero existe una diferencia entre la educación pública democrática que emana del pacto nacional y una educación que se apega los intereses de una sola fuerza política”.
Nos afirmamos en la propuesta de Paulo Freire “soy sustantivamente político y solo adjetivamente pedagogo”.
Para profundizar en la reflexión, los ofrecemos unos fragmentos del artículo de Frei Betto “Sobre la educación política”:
“Quien conoce la tradición de la izquierda sabe que sus militantes habitualmente recibían formación político-ideológica. Había multiplicidad de cursos, seminarios, fórums y equipos de educación popular que asesoraban procesos formativos en grupos y partidos, se incentivaba la lectura una gran bibliografía marxista y de la historia de la izquierda. Se popularizaba como referencia histórica los ejemplos de las revoluciones rusa, china y cubana.
El capitalismo también disemina su sistema de sentido, basado en la naturalización de la desigualdad social, del racismo, de la misoginia, de la meritocracia y sobre todo, del derecho a la apropiación privada de la riqueza. Con la ventaja del capitalismo ser hegemónico en el mundo y poseer una amplia red de deseducación política que inculca en las personas sus valores fundados en la preponderancia del capital sobre los derechos humanos.
Así, multitudes asocian democracia y neoliberalismo, competitividad y libertad, apropiación de la plusvalía y prosperidad. Todo este aparato ideológico tiene por herramientas desde el “catecismo” de las producciones de Walt Disney hasta las poderosas plataformas digitales con sus algoritmos, robots y algoritmos, ahora turbinados por la inteligencia artificial.
Es innegable que las políticas sociales traen votos, pero no imprimen convicciones. Éstas resultan de sistemas de sentido introyectados en el corazón humano, como creencias religiosas o principios ideológicos.
Y solo hay un camino para recuperar la educación popular, como otrora sucedía en los sindicatos, en las pastorales populares, en las ONG, los movimientos sociales. Visión crítica y dialéctica de la realidad. Protagonismo popular. Caso contrario, no podremos detener el avance de las fuerzas neofacistas y la progresiva muerte de la democracia”.
