Seguimos en la penumbra

El ambiente está pesado

con crespones en el cielo,

con camisa a medio duelo

suda y suda derrotados.

El ambiente achicharrado

por el clima y los olores

que producen los motores

nos desgranan la esperanza;

y la poca de confianza

se diluye con sopores.

¡Sí señor! estamos fritos,

en el fondo del abismo

donde muere el optimismo

entre tanto soplapitos.

En tinieblas y entre gritos

se hacen agua los helados,

se corrompen los pescados

y el calor sin los inviernos

nos confinan al infierno

a purgar nuestros pecados.

¡Mala pata! ¡mala suerte!

dicen unos, mascullando,

mientras otros insultando

al gobierno por la muerte.

Somos piedra, ser inerte

sin la luz y su corriente,

somos seres indigentes

en procura de un milagro,

de diluvios en el agro

donde el fuego es inminente.

Todo pudo remediarse

hace meses, dicen unos,

más parece que ninguno

no hizo nada y congraciarse.

¿O será de acostumbrarse?

o será de hacerse el loco

cuando vemos que los focos

no nos sirven para nada

y el auxilio es pendejada

para “unito” mal del coco.

Sin embargo y tontamente

hace chistes súper malos

como “echarse los tres palos”

y otras vainas indecentes.

Yo no entiendo, hay mucha gente

que festeja estos dislates,

¡linda sarta de pajuates!

en lugar de protestar,

de indignarse y reclamar

hasta aplauden dicho embate.