Crecer en sabiduría

P. Milko René Torres Ordóñez

Los cristianos celebramos la fiesta de la Sagrada Familia en el último domingo de este año. El ambiente navideño resulta propicio para prolongar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en nuestra vida. El ambiente humilde y sencillo que rodea a una pequeña familia nos regala enseñanzas que enriquecen la realidad de muchos hogares.

La Iglesia, nuestro hogar, recoge los elementos que la configuran como el espacio donde debemos aprender a vivir. La Familia de Nazaret es modelo e identidad para la familia cristiana de este tiempo. ¿Qué tiene de extraordinario la familia de José, Jesús y María? El devenir cotidiano, parecido al de cualquier familia humana, desarrolla su rutina entre alegrías y sufrimientos, problemas y sorpresas, ilusiones y sueños, fracasos y victorias.

El amor en la familia de Nazaret no tiene punto de comparación. En el comportamiento austero y silencioso de san José, la humildad y la obediencia de María, la presencia de un niño que ha nacido con una misión que va a trascender en la historia, para cambiarla, encontramos el ejemplo que las familias tienen que imitar. Una escuela de amor recíproco, de apertura a la voluntad de Dios, fortalece la base de una convivencia llena de armonía y de trabajo en equipo. La Familia de Nazaret, en su identidad, nos invita a mirar con atención la sencillez y la profunda comunión en valores que son escasos en este tiempo.

La Sagrada Familia, sin embargo, vivió entre la ambición y la tensión del poder del imperio de turno. El viaje desde Nazaret a Belén cambió sus planes y sus proyectos de vida. El nacimiento de Jesús en un lugar muy pobre despertó la conciencia dormida de la humanidad que esperaba el cumplimiento de un acontecimiento profetizado desde siglos anteriores. La novedad que genera la alegría de unos pastores, el canto solemne de los Ángeles en el cielo que cantan la gloria de Dios, el deseo sincero de paz a los hombres de buena voluntad,  el reconocimiento de unos personajes extraños que vienen de lugares remotos para ofrecer al Rey, recién nacido, los regalos que representan fe y grandeza, son el escenario de un presente y un futuro en plenitud. La historia de una familia humilde recibe el efecto de un impacto que la va a volver muy especial.

Muchas cosas sucedieron desde el acontecimiento de una noche de paz hasta el momento en el que Dios cumplió su plan de salvación. La encarnación del Hijo de Dios y la muerte en la cruz tienen tantos niveles de comparación que la historia los ha interpretado de diversas maneras. La familia en su crecimiento tiene hoy, como ayer, el desafío de valorar cada hecho que sucede.

José y María asumieron el compromiso de educar a un hijo tan especial como la bendición del eterno Padre. San Lucas recuerda que Jesús, joven e inquieto por conocer y entender aquello que estaba escrito, regresó del Templo al hogar de sus padres en la tierra de Nazaret. El autor sagrado recalca que creció en gracia, estatura y sabiduría ante Dios y ante sus familiares. Una escuela de fe que tiene su raíz en una familia de Nazaret.