El baúl de los recuerdos: La sorprendente historia de Baltazar Carrión y su hijo Daniel Alcides

Efraín Borrero Espinosa

En el Perú trasciende la noticia de construcción de la autopista de alta montaña que conectaría Lima con Junín. Dice la información que la obra está catalogada como una de las más grande de la historia del vecino país y que se la ha denominado Daniel Alcides Carrión.

Tan importante es ese nombre que en 1991 se lo declaró Héroe Nacional; en el 2011 Patrono de la Medicina Peruana; y, en el 2013, en conmemoración a su día de nacimiento se estableció el 13 de agosto de todos los años como Día Nacional de la Salud y del Buen Trato al Paciente.  

Daniel Alcides Carrión García fue hijo del lojano José Baltazar Carrión Torres, nacido el once de enero de 1814, perteneciente a la estirpe de Manuel Carrión Pinzano, impulsor de la educación y la cultura, y propulsor del movimiento federalista de Loja; Clodoveo Carrión Mora, prestigioso paleontólogo y naturalista; y, Manuel Benjamín Carrión Mora, eminente escritor y relevante figura latinoamericana.

Baltazar Carrión Torres cursó sus estudios superiores en la Universidad Central de Quito en donde obtuvo el título de abogado y tres años más tarde se graduó de médico en la misma universidad. Se asegura que estando en Quito, a los 16 años de edad participó en un acto solemne y significativo junto con sus parientes cercanos José Miguel Carrión Valdivieso y Manuel Carrión Quiñones, y sus allegados políticos José María Lequerica y Mauricio Quiñones Flores, firmando el Acta por la cual se separaba de Colombia el Distrito del Sur, el trece de mayo de 1830.

Decidió retornar a Loja en donde desempeñó diversos cargos, como rector del Colegio San Bernardo, Miembro del Cabildo y alcalde de Primer Voto. Políticamente estuvo muy vinculado a Juan José Flores y con él afrontó varias vicisitudes, incluyendo su exilio en el Perú.

Evidentemente que habiendo sido un notable hombre público no se puede soslayar su vida sentimental. En la vasta obra del ilustre médico cardiólogo y geriatra; académico, investigador y escritor peruano, Gustavo Ernesto Delgado Matallana, titulada «Daniel Alcides Carrión: Mártir de la Medicina Peruana, Héroe Nacional, Maestro de la Medicina Peruana y Patrono de la Medicina Nacional», se cuenta un suceso anecdótico que ocurrió con doña Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solanda, quien fuera esposa del gran mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre y Alcalá, en cuyo matrimonio procrearon una hija que falleció a tierna edad por muerte natural.

Luego que Sucre fue vilmente asesinado en la montaña de Berruecos al sur de Colombia, al volver de Bogotá camino a encontrarse con su familia en Quito, Mariana Carcelén enviudó. Simón Bolívar, al saber la fatídica noticia le remitió el siguiente mensaje de condolencia: “No concibo, señora, hasta dónde llegará la opresión penosa que debe haber causado a usted esta pérdida tan irreparable como sensible (…) Todo nuestro consuelo, si es que hay alguno, se funda en los torrentes de lágrimas que Colombia entera y la mitad de América deben a tan heroico bienhechor”.

Pasado más de un año del asesinato de Antonio José de Sucre, Mariana Carcelén contrajo segundas nupcias con el general Isidoro Barriga López de Castro, “prócer catalogado por la Sociedad de Historia e Idiomas que fundó como “ilustre y grande por sus virtudes; militar sin rencor y hombre de gloria”, como resalta Franklin Barriga López. En este matrimonio que duró cerca de veinte años, hasta el fallecimiento de Isidoro Barriga, no hubo descendencia.

El suceso que comenta Gustavo Ernesto Delgado, estudioso de la vida de Daniel Alcides Carrión García, citado en líneas precedentes, es el siguiente: “Después de su segunda viudez, doña Mariana se reencontró en Quito con el Dr. Baltazar Carrión, en 1851, de cuya relación concubinal nació la niña Mercedes Soledad Carrión Carcelén, a quien Baltazar Carrión no llegó a conocer por su salida obligada al Perú en ese año, por estar comprometido en la aventura del general Flores”.

Flores, quien cayó en desgracia, decidió exiliarse en Lima, Perú. Su hombre de confianza, Baltazar Carrión Torres, hizo lo mismo llegando a esa ciudad en el año de 1852, también en calidad de exiliado político.

Desde el inicio de nuestra vida republicana el Perú se convirtió en un destino que acogió a muchos exiliados o desterrados políticos ecuatorianos; unos impuestos por el poder y otros porque forzadamente se vieron obligados a tal determinación por temor a ser víctimas de la violencia de la autoridad o de poderes fácticos. Recordemos el caso de Manuela Sáenz que tuvo que refugiarse en Paita, puerto norteño del Perú, que, como señala Jorge Núñez Sánchez, fue la primera exiliada política de nuestra América. Al mismo puerto fue a parar Gabriel García Moreno en 1854, cuando era senador electo y no se respetó su inmunidad. El primer obispo de Loja, el sacerdote español José María Massiá, tuvo que hacer lo mismo, pero en otro sitio del Perú.  En Lima se exiliaron Abelardo Moncayo, José Peralta y Eloy Alfaro Delgado, por cerca de tres años.

Retomando el tema es preciso señalar que cuando Baltazar Carrión salió de Loja se comprometió formalmente en matrimonio con su sobrina en segundo grado, Teresa Valdivieso Riofrío. Por circunstancias desconocidas dejó pasar el tiempo, pero cumplió su promesa y contrajo matrimonio por poder, representado por José Javier Eguiguren Riofrío, en Loja, el primero de junio de 1864.  

Como medio de subsistencia en el Perú, Baltazar Carrión contaba con su profesión de médico. Es probable que para ejercerla haya tenido que revalidar su título rindiendo examen de certificación ante la Junta Directiva de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, entre 1852 y 1853. También registró su título de Abogado el treinta y uno de diciembre de 1853.

El gobierno peruano le fijó como residencia la ciudad de Cerro de Pasco, importante centro minero situado en el altiplano de la cordillera de los Andes y considerado la “Capital Minera del Perú”. Allí ejerció la medicina y con el tiempo ostentó el cargo de Cónsul del Ecuador en esa localidad.

En Cerro de Pasco conoció a María Dolores García Navarro con quien procreó dos hijos, uno de los cuales fue Daniel Alcides Carrión García, nacido el 13 de agosto de 1857.

Se dice que presintiendo que sus días se acortaban después de un terrible accidente que mermó notoriamente su salud, Baltazar Carrión decidió retornar a Loja con la intención de conocer a su primera hija, Mercedes Soledad Carrión Carcelén, procreada con Mariana Felipa de Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda, pero la muerte no le permitió retornar al Perú. Falleció cuando contaba 44 años de edad y fue sepultado en esta ciudad de Loja.

En ese lapso y circunstancias, Teresa, con la que se casó mediante poder, sin saber que su esposo había viajado a Loja llegó a Cerro de Pasco acompañada de su hermano Alejandro Valdivieso Riofrío, Ahí se enteró del fallecimiento de Baltazar Carrión por una información aparecida en diario El Comercio de Lima, lo que le produjo un gran impacto.

Con el apoyo de su madre, Daniel Alcides Carrión García logró culminar sus estudios secundarios en la ciudad de Lima. Luego se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con el propósito de lograr el título de médico.

Durante sus estudios de medicina apareció en los valles centrales peruanos una enfermedad muy infecciosa denominada «verruga peruana» o “fiebre de la oroya”. Los esfuerzos médicos no atinaban en soluciones eficaces ya que las investigaciones científicas tenían limitaciones en el Perú de aquel entonces.

Esa fue la razón por la cual, Daniel Alcides Carrión García, quien cursaba el sexto año en la Facultad de Medicina y tenía 28 años de edad, llevado por su espíritu de investigación y un nacionalismo científico, ​ decidió experimentar en su propio cuerpo los efectos de esa grave enfermedad.

Acudió entonces a la sala de las Mercedes del Hospital Dos de Mayo de Lima y solicitó a su amigo médico, Evaristo Chávez, le hiciera la inoculación de sangre macerada de una tumoración verrugosa de un paciente varón. Chávez le practicó cuatro inoculaciones: dos en cada brazo cerca del sitio en que se hace la vacunación

A los veintiún días sintió los primeros síntomas que continuó con su evolución característica ante la angustia de sus profesores y amigos. Carrión escribió personalmente su historia clínica hasta el  veintiséis de septiembre de 1885, en que, agobiado por la fiebre y la anemia grave entró en delirio. A su solicitud, sus compañeros siguieron escribiendo el documento clínico que había iniciado. Finalmente falleció el 05 de octubre de 1885.

Gracias a su sacrificio e inmolación se pudo conocer que la verruga peruana y la fiebre de la oroya son una misma patología, como se afirma en sus biografías.

No cabe duda que Daniel Alcides Carrión García fue un hombre increíble y que su sorprendente historia bien vale conocerla, porque por sus venas también corría sangre lojana.