Fausto Aguirre: querido maestro y lojano de corazón, quien vivió y murió en Loja

Numa P. Maldonado A.

El jueves pasado falleció en Loja un ilustre intelectual ecuatoriano, nacido en la ciudad de Cuenca en 1944 y  lojano de corazón (“Amo a esta provincia, me ha dado sabiduría, inteligencia, compañerismo, me ha dado absolutamente todo”), el doctor Fausto Aguirre Tirado. Fausto cuenta que en 1970, por invitación de Guillermo Falconi, entonces rector de la UNL, participó en un Concurso de Merecimientos y Oposición para ocupar una catedra de lengua española en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad y, desde entonces, se radicó con su familia en la ciudad de Loja. Y aquí sirvió como competente y apasionado educador, muy respetado y querido por sus alumnos, por cerca de 50 años, en la UNL, la UTPL, el Colegio Bernardo Valdivieso (donde se educaron sus hijos) y los colegios La Inmaculada , Mariana de Jesús y La Porciúncula. Cabe destacar que en el Colegio Bernardo hizo buena amistad con su ilustre colega, la ambateña Susana Álvarez, otra lojana de corazón, quien abnegadamente le ayudó a sobrellevar con estoicismo  los dolorosos estragos de una terrible enfermedad terminal,  durante los últimos meses de su vida y, sobre todo,  los últimos momentos de su existencia.

Fausto Aguirre, además de probo, competente y afectuoso maestro, fue un lúcido investigador y, como tal, resaltó el valor literario y hombría de bien de distinguidos lojanos, particularmente de Miguel Riofrio, Pablo Palacio y Ángel F. Rojas.  Escribió 17 libros, muchos ensayos y artículos; dictó conferencias “dentro y fuera del Ecuador, sobre lingüística, dialectología, fonética y fonología, crítica y análisis literario, temas de educación e investigación cuantitativa y cualitativa (…). Participó, junto a sus profesores, doctores Manuel Alvar y Antonio Quilis, en el levantamiento del Atlas Lingüístico y Etnográfico del Ecuador (ALECU) (…) y, como docente investigador de la UTPL, del Atlas Lingüístico y Etnográfico de la Provincia de Loja (ALIL).”. Escribió también el importante libro “Diccionario Lojano” que lamentablemente no fue publicado debido a la “viveza criolla de un particular”…Todo lo cual le otorgó méritos suficientes para una privilegiada membrecía en la Real Academia Española de la Lengua (RAE), de otras academias nacionales similares, la CCE, etc.

A mediados de diciembre pasado, por amable invitación de Fausto, concurrimos a su casa, Talía Guerrero, presidenta de la Academia Nacional de Historia, capitulo Loja (ANH-Loja), Susana Álvarez y yo, para escuchar de sus propios labios una singular oferta, la donación  de todos sus bienes materiales e inmateriales a la ANH-Loja .

Tal donación consistía en:  su casa-museo y especialmente la valiosa biblioteca compuesta de

45.000 libros, de los cuales 15.000 de Historia, con la condición de que logremos convertir esa generosa donación en patrimonio nacional, conservando los arreglos especiales que tiene: el “rincón del quijote”, la sala santuario que ocupó su “bendita” madre, los múltiples cubiles bien equipados para investigadores y un nicho ubicado en la pared de la sala de recepción de la casa destinado a conservar sus cenizas junto a las de Ángel F. Rojas. La ANH-Loja deliberó responsablemente sobre el asunto y resolvió no poder aceptar la generosa donación sino únicamente el valioso lote de libros de Historia, para enriquecer nuestra modesta biblioteca. El oficio correspondiente no le pudimos entregar en las manos del propio Fausto, por los acontecimientos de los últimos días de su vida. Pero el recuerdo de su legado intelectual y espiritual, y de su amistad, perdurará siempre.

Descansa en Paz, querido Fausto.