Por: Sandra Beatriz Ludeña
En estas horas de cataclismos traigo un manual para la felicidad, tan acertado como los libros poéticos cargados de luz en medio de tanta tiniebla. Invoco la intención de poetas que entre metáforas y alegorías enmarcan la vida cruda, le dan sabor, color, fragancia, sonido, y la hacen vibrar en la piel del otro.
Es por esto, creo tener aquí una buena noticia, entre polos poderosos develo la mayor paradoja que es la vida y afirmo que hasta los más opuestos son reconciliables, enseñando un lenguaje y filosofía:
En primer lugar ¿cómo se siente la diferencia entre fuerza y poder? El verdadero poder existe, si conectas con su “Poder”. Hay muchos intentando avasallar al resto a la fuerza. Esto es un llamado a detener esa guerra de pensamientos, la bomba atómica puede explotar en esa proyección errada del humano que se ve fuerte.
Muchas veces, las falsas poses nos hacen creer poderosos, mas, la misma ciencia nos ve como diminutos en el basto océano de la felicidad. Entre una flor arrancada de su tallo, unas hojas trituradas por la avalancha de ambiciones, creo poder decir esta proclama, ¡felicidad existes! Un eco contesta ¿Existes?
Creo en ti felicidad como un tesoro interno, en la mayoría de utopías que te he perseguido, no fui en línea recta sino circular y terminé donde empecé; pero, nunca tal como empecé. La mayor ganancia es este lenguaje y, la comprensión del existir.
En este punto, los haces se cruzan, el universo nos habla a través de señales. Las coincidencias pintan un paisaje con presencias. Un holograma se presenta en el cielo, pero es una señal muda, que, si quieres la tomas, mas, si la pasas sin advertirla, te demoras más en perseguirla.
Si avanzas con señales, caminas por una zona de luz compuesta por poesía y filosofía, allí te vuelves más audaz, y eres sentimiento, puedes sentir el vuelo de cualquier pájaro, eres esencia de flor, frescura del viento, la tibieza del rayo del sol y el misterio de luz en el arcoíris; que atrapa, pero no encanta.
El vértigo del universo ya no te marea, ante la gran maestra descifras sus secretos, cosas que sirven para el trajín de estar vivos. Es aquí que entiendes que la felicidad es un mensaje universal que impregna las cosas: árboles, pasto, nubes, aire, murmullo del agua en el río; y desde luego, el corazón.
Luego, andas como flotando veredas de un mundo indigno, pues visitaste la dimensión del poder, lo vives como un lugar espléndido, marcado por un halo de alegría. Desde allí los fracasos no significan obstáculos, sino retos. Y las cosas son claridad, el miedo se ha desaparecido, vivir es la plenitud de un ovillo que se desenreda despreocupadamente, gira hacia adelante, vaciando su esencia como la integridad del ser.
En estas instancias el amor es poder, el silencio es un lenguaje del alma y el poeta está rebosante de amor, de paz, de asombro, de éxtasis. Entonces cambia nuestro diálogo, ya no somos destrucción, somos su opuesto; ya no somos opacidad, somos luminosidad; ya no vibramos en el mal, latimos en el bien; ya no quedamos atrapados en pequeñeces, porque todas las formas son un llamado polarizado; y, aprendemos a elegir en donde residir.
