Efraín Borrero Espinosa
Tres jóvenes lojanos decidieron estudiar medicina por la misma época: Isidro Ayora Cueva, nacido en Loja el 31 de agosto de 1879; Ambrosio Alejandro Cevallos Salazar, nacido en Cariamanga en 1879; y Segundo Francisco Mena Hidalgo, nacido en Sozoranga el 30 de agosto de 1874. Los dos primeros, que eran íntimos amigos, lo hicieron en la Universidad Central de Quito, y Segundo Francisco en la Universidad de Cuenca.
Isidro Ayora Cueva culminó exitosamente sus estudios y se graduó en Medicina y Cirugía. Completó su formación en Alemania, donde se especializó en Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Berlín. Tras regresar a Ecuador se dedicó al ejercicio de su profesión y a la docencia. Dirigió la Maternidad, la Escuela de Enfermeras, el Hospital San Juan de Dios, el Hospital Civil y la Clínica Isidro Ayora; es decir, cumplió su sueño y se realizó profesionalmente.
En uno de los viajes que Benjamín Ayora Armijos, padre de Isidro, realizó a Alemania, decidió adquirir dos equipos de cirugía: uno para las prácticas médicas de su hijo y el otro, con extrema generosidad, para Ambrosio, su amigo y compañero de banca en los tres niveles de educación.
Ambrosio Alejandro Cevallos, tras la muerte de su padre, abandonó sus estudios para hacerse cargo de los bienes dejados por su progenitor, uno de ellos la gran hacienda El Toldo, decidiendo regresar a Gonzanamá, residencia de sus padres, en donde estableció una botica en la que instaló el equipo de cirugía dado como obsequio, a fin de cumplir una labor social que fue reconocida.
Él fue quien atendió de emergencia a mi padre, Isauro Borrero Riofrío, su gran amigo, quien yacía moribundo en la casa de hacienda Santa Bárbara, por un accidente sufrido al haber utilizado un taco de dinamita para quebrantar una enorme piedra. Lo encontró ensangrentado y mutilado de la mano izquierda y parte de la nariz. Dispuso que se arme una “chacana” para trasladarlo a Gonzanamá, arriesgando que llegara sin vida. Le suministró medicación para cortar la hemorragia e hizo una intervención quirúrgica de su mano y la nariz. Completada su intervención lo preparó para viajar a Loja, en donde un prestigioso médico reconoció que la cirugía realizada por Ambrosio Cevallos había sido exitosa y sólo requería atender su recuperación.
De su parte, Segundo Francisco Mena Hidalgo, que fue un destacado alumno, no logró graduarse y recibir la investidura de médico, quedando a nivel de egresado, ya que su abuelo materno, quien lo apoyaba económicamente, había fallecido. Así me manifestó Walter Mena Ordoñez, un médico y entrañable amigo interesado por conocer la notable trayectoria de su abuelo Segundo Francisco.
Sobre esa situación, su otro nieto, Carlos Manuel Bustamante Pardo, dice “que no haber culminado su carrera profesional no le impidió contar con la formación básica, respaldada por conocimientos teóricos y prácticos necesarios para atender las dolencias de los pacientes en los cantones Sozoranga y Macará, con excelentes resultados”.
Por su espíritu profundamente humanitario lo compara con José Gregorio Hernández Cisneros, conocido como el “Hermano Gregorio”, un médico venezolano al que le atribuyen milagros y fue beatificado el 30 de abril de 2021. Basa la comparación en que Segundo Francisco Mena Hidalgo realizaba una labor similar a la del beato venezolano, curando a enfermos sin importar su condición social o posición económica, y en algunos casos costeando el valor de las recetas. Por lo general utilizaba plantas medicinales para las curaciones y tratamientos.
Manifiesta que las dolencias que generalmente atendía eran la pulmonía, tuberculosis, viruela, sarampión, paludismo, flujo hemorrágico y otras enfermedades que fueron comunes por aquel tiempo. En ocasiones realizaba también extracciones dentales a falta de odontólogos.
También colaboraba en las autopsias de las personas que morían por diferentes causas, apoyado en los conocimientos de varias patologías. Concretamente elaboraba los respectivos expedientes técnico-científicos, cuya información remitía a la dependencia del Ministerio de Salud en Loja.
Carlos Manuel Bustamante asegura que otra faceta en la vida de su abuelo, caracterizado por ser un hombre estudioso, fue la de contribuir con investigaciones científicas sobre el cáncer en el Ecuador. Dice que, en su afán de hallar posibles curas contra el cáncer, durante su vida estudiantil se internó en las comunidades shuar de la Amazonía para investigar sobre las propiedades de las plantas reductoras de tejidos, sabiendo que en dicha etnia se practicaba la reducción de cabezas, procedimiento que consiste en momificar la cabeza de un enemigo para usarla como talismán o trofeo de guerra.
Afirma que producto de esa investigación, Segundo Francisco Mena redujo el cadáver de una mujer mulata, cuyo nombre era Adela Bermeo, oriunda de Cuenca. Su estatura fue de un metro setenta centímetros y tenía veinte y ocho años de edad. Falleció de una meningitis cerebral en el hospital de Loja el veinte y cuatro de octubre de 1899.
El cuerpo fue reducido a tan solo setenta centímetros de estatura, extrayéndole previamente todos los huesos y conservando todos los detalles fisonómicos, dando el aspecto de una muñeca hecha de caucho bruto.
Sostiene que ese trabajo investigativo y experimental fue presentado en la Sociedad Filantrópica del Guayas en 1903 y luego escogido para representar al Ecuador en una magna exposición de París de principios de siglo XX. Sin embargo, el trabajo nunca llegó a su destino y fue desviado a los Estados Unidos por razones desconocidas. Por un catálogo del año 1943 que Gumersindo Yépez, cónsul del Ecuador en New York, remitió al historiador Francisco Huerta Rendón, se logra saber que, en uno de los principales museos de esa ciudad, figura un cuerpo de mujer reducido por los indios jíbaros del Ecuador.
Los familiares de Segundo Francisco Mena, que conocieron el asunto, salieron al paso para aclarar que Segundo Francisco Mena fue el autor de tal reducción, en el contexto de su trabajo investigativo, a la vez que requerían la devolución de la momia.
Cuando conversé con Walter Mena me mostró copia de la carta que remitió el veinte de abril de 1998 a la doctora Nancy Rusoff, directora del Museo, en la que luego de una extensa explicación sobre la autoría de su abuelo y la contribución a la investigación científica, le solicita enviarle toda la información sistematizada sobre el asunto, proponiéndole dos alternativas: la expatriación a solicitud del gobierno ecuatoriano, o la exposición permanente en Estados Unidos, previa autorización de la familia. Pero hasta el momento no han tenido respuesta. Anuncia que “morirá en el intento”, como Lucio, valiéndose de unos sobrinos que viven en New York, y que están buscando más información en Guayaquil a través de Marcia Gilbert de Babra, que forma parte del Directorio de la Junta de Beneficencia y es una mujer muy representativa.
Segundo Francisco Mena fue un liberal radical hasta la médula. Se enroló en el ejército alfarista teniendo bajo su responsabilidad la salud del personal que estaba posicionado en varios cantones de la provincia, ganándose el aprecio de la gente por su espíritu solidario y bondadoso.
Precisamente por esa tienda política triunfó ampliamente en las elecciones para conformar el cabildo de Macará, el que lo designó presidente del I. Municipio. Por entonces Sozoranga era parroquia del cantón Macará.
Su designación coincidió con el mandato presidencial de su coideario, Galo Plaza Lasso, en el período 1948-1952, quien le brindó todo su respaldo, gracias a lo cual se destinó los recursos para la construcción del ansiado Hospital Civil de Macará, que fue dirigido por el destacado médico de esa localidad, Arsenio Celi. A ello se suma el mejoramiento del sistema de agua potable y del alcantarillado sanitario
Sozoranga es cuna de ilustres personajes que han enaltecido a la provincia de Loja y han erigido su orgullo por todo lo alto. Los Mora, Samaniego, Hidalgo, Castillo, Sánchez, Mena y Luzuriaga, son parte del conjunto de personas que han aportado a su prestigio. Segundo Francisco Mena Hidalgo, un nombre que se ha mantenido en el olvido, también ha enriquecido su historia a través de su reconocida obra social y humanitaria.
