Ira

FERNANDO OÑATE

La ira es un sentimiento de desagrado intenso, hostilidad, o indignación, como resultado de una amenaza verdadera o imaginada, un insulto, frustración, o una injusticia hacia usted mismo, u otros que usted estima. Es un estado emocional que varía en intensidad desde una irritación leve hasta una furia e ira intensa. La ira puede manifestarse de diferentes maneras: amargura, malicia, gritería, envidia, resentimiento, intolerancia, crítica, venganza, odio, celos, agresión, habladurías, sarcasmo, implacabilidad.

Comúnmente nos enojamos por no lograr que las cosas sean a nuestra manera, en ocasiones por sentirnos rechazados o por perder cosas que apreciábamos, cuando nuestras expectativas no son satisfechas o cuando somos víctimas de injusticias y maltratos. Ante esos casos la ira es un medio de defensa y nos lleva a creer que tenemos autoridad, el poder o la razón, aunque con sinceridad, la raíz de la ira es el egoísmo.

La ira puede llevar a reacciones lamentables que lastiman a los que están a nuestro alrededor y a nosotros mismos, pues claramente la palabra del Señor enseña que en “la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1). Aquí cabe preguntarnos ¿Cómo podemos manejar la ira? La palabra del Señor tiene algunas valiosas recomendaciones:

No pierda la calma: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1).

Responda suavemente: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15).

Use el dominio propio: “Vale más ser paciente que valiente; vale más dominarse uno mismo que dominar a los demás.” (Proverbios 16).

Perdone: “Soportándose unos a otros, y perdonándose unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo los perdonó, así también haganlo ustedes” (Colosenses 3).

Devuelva bien por mal: “Pero a ustedes los que escuchan, les digo: Amen a vuestros enemigos, hagan bien a los que los aborrecen” (Lucas 6).

Ore por sabiduría: “Y si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1).

Erradicar la ira de nuestro temperamento es una decisión que todos deberíamos tomar, el proceso no es fácil, pero con Cristo es posible. Búsquelo, conózcalo, sígalo y al experimentar la transformación que solo Él puede hacer en su vida, como muchos, declarará que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4).