Por: Sandra Beatriz Ludeña Jiménez
Es tiempo de mujeres, corre marzo, como agua de ríos, caudalosas y rebeldes. Por lo dicho, cómo no proponer un “Signo Mujer en la escritura”, con una historia desdeñada, atrapada en un guion cruel, prefabricado, que la mayoría de lectores ignoran.
Así, traigo el poema “Desencanto” de Dolores Veintimilla Carrión, conocida como Dolores Veintimilla de Galindo, con estos versos: “/ ¿Por qué mi mente con tenaz porfía / mi voluntad combate, y obstinada, / tristes recuerdos de la infancia mía / ofrece a mi memoria infortunada? / ¿Por qué se cambia el esplendente día/ en mustia sombra del dolor velada, / y a la sonrisa de la incipiente calma / sucede el llanto y la ansiedad de mi alma? / […].
Si bien es cierto, la escritura femenina es estigmatizada y desvalorizada por romántica. Justamente por esto, el caso de Dolores Veintimilla, da las claves innegables en su historia para configurar el signo-poder.
Al nacer Dolores Veintimilla coincide con la nación, pues ella ve la luz en Quito, año 1829, mientras que, en el año 1830, los ecuatorianos concebimos la república. Vive entre ambigüedades, conflictos y paradojas. El siglo XIX fue inestable, como hoy, con marcada polarización. Entonces, el oficio liberador de escribir, no era para mujeres, mas, Dolores, aristócrata, creció entre tertulias literarias, sus padres don José Veintimilla y Jerónima Carrión, la animaban a dirigirlas.
Pero, las élites gobernantes de ideología terrateniente y racista, hacían política con prácticas tremendas. Humberto Mata en su libro “Dolores Veintimilla asesinada”, dice que bandos políticos en pugna, conservadores y liberales buscaban que los aristócratas se sumaran a su lado, según el autor, el padre de Dolores fue buscado por tales grupos, pero se negó a unirse. (Mata, 1976:39).
Asimismo, el autor ve un círculo social de la poeta, de corte liberal, agrupados en “El Quiteño Libre” (1833), opositores de Juan José Flores. (Mata, 1976:51). Así, Dolores y familia sufrieron las convulsiones políticas, una clave imborrable. En ese escenario cultural, hay componente religioso y represivo, representados, el primero por la Iglesia, y el segundo, por las fuerzas estatales, aunque, la Iglesia también ejecutaba represión a cambio del poder. Esto devela otra clave en “Signo Mujer”.
Finalmente, se nota la cosmovisión excluyente del género, pues, las actividades se separaban para hombre y mujer, donde las transformaciones de espacios públicos fueron de los hombres (generalmente blancos y de la élite dominante); considerados signos históricos, indiscutibles.
Creo que la gran mayoría del público conoce el triste fin de Dolores Veintimilla, por escribir en abril de 1857 un volante titulado “Necrología”, en el que se oponía a la pena de muerte del indígena Tiburcio Lucero, acusado de parricidio y condenado a muerte por los tribunales de justicia del Azuay, a pretexto de lo cual, es perseguida políticamente hasta su muerte.
Con estas claves veo el molde que opera en estos días, pues, desde la vida de Dolores Veintimilla Carrión se crea un “Signo Mujer en la escritura”, pero también un “signo de escarmiento”, y molde para otras víctimas-heroínas, eso sí, vulnerables, elegidas por su osadía de decir.
Este “Signo Mujer” que es Dolores Veintimilla, a quien se hizo signo femenino de escritura y a la vez, condenada a hacerle honor a su nombre, por su osadía de escribir, se aplica actualmente en esta urbe: los bandos políticos opuestos, toman historias de la literatura, arman guiones reales (igual se puede extraer de medicina como del derecho u otros campos de la ciencia), son historias ya juzgadas (los casos planteados con “signo-poder”, son laboratorios que crean, copian y adaptan crueldad), y los ejecutan contra vulnerables, me sustento en investigaciones de la autoridad.
El “Signo-poder” igual que a inicios de la república, es usado por la élite dominante de turno, sin importar sea de derecha o izquierda política, y por tal causa, mueren vulnerables, se encarcelan a inocentes, se hace y deshace la ley, se violan derechos, se quitan fortunas, se roban ideas, se destruyen historias, todo para satisfacer las ansias de captar y demostrar poder.
Los actores o personajes sociales son movidos por sus muy particulares intereses. Conozco de un caso, en el que la propia Josefa Moreno que persiguió, espió y desacreditó a Dolores Veintimilla, hoy vive en Loja haciendo lo mismo contra otra mujer que escribe y devela historias. Y así se aplica el modelo “Signo Mujer en la escritura”, que es Dolores Veintimilla y, desde ella se reproduce más y más historias, desde luego, injustas.
