¿Qué nos depara la cuaresma?

Numa P. Maldonado A.

El  mundo católico, al cual la mayoría de ecuatorianos pertenece y profesa su fe, celebra, según la liturgia, y desde el siglo II, la Cuaresma: ese periodo de 40 días  que sucede al Carnaval (celebración corta de jolgorio y desenfrenos), propuesto como un momento de reflexión que llama a convertirnos, cambiar nuestra conducta y acciones equivocadas  y volver a Dios. Un tiempo apropiado para arrepentirnos de nuestros pecados, cambiar algo nuestras vidas y ser mejores personas. En otras palabras, actuar con conciencia sana y recta, y eludir esos impulsos que nos llevan a las múltiples prácticas de la torcida conciencia, que a veces se imponen, nos bloquean y dominan. La Cuaresma es el Tiempo del perdón y reconciliación, de arrojar de nuestro corazón el odio, el rencor, la envidia y la codicia, y fortalecer la compasión, empatía y solidaridad. Un tiempo que, por los beneficios que produce en nuestra salud integral, de manera especial en nuestra salud mental y espiritual, demostrados científicamente, deberían convertirse en práctica habitual de todos, hombres y mujeres.  Indiferente de creencias, ideologías y  otras tendencias.

Pero como todos conocemos, la realidad del mundo actual es muy otra. Pasó del unipolarismo, después de II guerra mundial y la disolución de la URSS,  con EUA como  “patrón” absoluto , al bipolarismo actual donde compiten por el poder mundial EUA con Rusia y China. Pero según varios estudiosos de las tendencias geopolíticas en el futuro inmediato, ya se avizora la tripolaridad si logra Trump distanciar a Putin de China, para cerrar el paso a su gran contendor actual, Xi Jinping , presidente de China recién electo  para un tercer mandato.  Todo esto quiere decir, en palabras sencillas, que los representantes de los actuales tres países mejor armados del mundo se disputan el poder a dentelladas, aunque los tres se respetan justamente por ser los más fuertes. Pero los tres tienen los mismos objetivos, disfrazados hábilmente de ideologías, la conquista o ampliación territorial que les permita la hegemonía mundial. Es el caso de Rusia frente a Ucrania y la de Trump por hacerse de Groenlandia y el canal de Panamá, y, por cierto, de los tres grandes competidores (EUA, Rusia y China), por nuestros territorios latinoamericanos. No para ayudarnos generosamente, sino para usufructuar a su favor de sus grandes riquezas.

Y ante esta dura realidad mundial, apenas aclarada por tiempos de cuaresma, y a pocos días del importante balotaje que nos depara a los ecuatorianos un futuro inmediato imprevisible, la pregunta de: ¿qué podemos hacer? es muy difícil de responder.  Tal vez, optar por el mal menor. Pero en un balotaje tan polarizado, ¿cuál podría ser ese “mal menor”?

El odio entre ecuatorianos, fomentado por los medios digitales, las mentiras pseudovaloradas y la Inteligencia Artificial, las argucias de la llamada “post verdad’ y  todos esos recursos inmorales modernos que nos engañan, nos “lavan el cerebro” y  bloquean la capacidad de razonar con inteligencia, incluidos las sofisticadas formas de cometer fraudes, nos crean un indeseable clima de desconfianza e incertidumbre.

Lo racional deseable es que tengamos elecciones limpias y que el ganador, sin influencias negativas de los grupos que los respaldan, indiferente de sus creencias religiosas o ideológicas, en este tiempo de cuaresma, hagan un sincero examen de conciencia, y disfruten el resto de sus días de buena salud física, mental y espiritual, trabajando por el bien del país.