Numa P. Maldonado A.
El mundo católico, al cual la mayoría de ecuatorianos pertenece y profesa su fe, celebra, según la liturgia, y desde el siglo II, la Cuaresma: ese periodo de 40 días que sucede al Carnaval (celebración corta de jolgorio y desenfrenos), propuesto como un momento de reflexión que llama a convertirnos, cambiar nuestra conducta y acciones equivocadas y volver a Dios. Un tiempo apropiado para arrepentirnos de nuestros pecados, cambiar algo nuestras vidas y ser mejores personas. En otras palabras, actuar con conciencia sana y recta, y eludir esos impulsos que nos llevan a las múltiples prácticas de la torcida conciencia, que a veces se imponen, nos bloquean y dominan. La Cuaresma es el Tiempo del perdón y reconciliación, de arrojar de nuestro corazón el odio, el rencor, la envidia y la codicia, y fortalecer la compasión, empatía y solidaridad. Un tiempo que, por los beneficios que produce en nuestra salud integral, de manera especial en nuestra salud mental y espiritual, demostrados científicamente, deberían convertirse en práctica habitual de todos, hombres y mujeres. Indiferente de creencias, ideologías y otras tendencias.
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