En la Iglesia Católica, el ayuno es una práctica de autodisciplina con un enfoque penitencial. En el contexto de la Cuaresma, se refiere a reducir la ingesta de alimentos y limitar el número de comidas.
El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, las normas de ayuno permiten a los católicos comer sólo una comida completa y dos comidas más pequeñas que, combinadas, no equivaldrían a una sola comida normal. Además, los católicos no pueden comer carne en estos dos días, ni en ningún viernes de Cuaresma.
En este contexto, la abstinencia se refiere a “abstenerse” de comer carne los viernes de Cuaresma. Mientras que los católicos ayunan el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo con una sola comida copiosa, los demás viernes deben abstenerse de comer carne, aunque pueden hacer tres comidas completas.
Las personas de 18 a 59 años que gocen de buena salud deben ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Los mayores de 14 años deben abstenerse de comer carne los viernes de Cuaresma. El Derecho Canónico sí menciona que para los niños pequeños que no ayunan, los padres deben seguir comunicándoles el significado y la penitencia.
Están exentos los niños, los adultos con enfermedades físicas y mentales, las mujeres embarazadas y las personas en periodo de lactancia. Debe prevalecer el sentido común y que nadie debe poner en peligro su salud por ayunar.
La Cuaresma termina el Jueves Santo, pero el ayuno cuaresmal (y los compromisos personales) suelen continuar hasta Pascua. El documento papal Paschalis Solemnitatis lo recomienda para que «con corazón elevado y acogedor estemos dispuestos a celebrar las alegrías del domingo de resurrección».
En lugar del ayuno de carne en Cuaresma, el Papa Francisco propone 15 sencillos actos de caridad.
Saludar, siempre y en todo lugar. Dar las gracias, aunque no «debas» hacerlo. Recordarle a los demás cuanto los amas. Saludar con alegría a esas personas que ves a diario. Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor. Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita. Levantarle los ánimos a alguien. Celebrar las cualidades o éxitos de otro. Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse. Corregir con amor, no callar por miedo. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti. Limpiar lo que uso en casa. Ayudar a los demás a superar obstáculos. Llamar por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos. Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas. Ayuna de descontentos y llénate de gratitud. Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia. Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo. Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios. Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida. Ayuna de presiones y llénate de oración. Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón. Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás. Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación. Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros. Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará de: PAZ, CONFIANZA, ALEGRÍA, Y VIDA.
