Un delirio incomprendido

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Vengo ahora con este trascendental poema de Simón Bolívar titulado “Mi delirio sobre el Chimborazo” (1822). Son setenta versos no bien bordeados, pues, al tratarse de un delirio, el libertador sobrepasa los límites de la razón, y libera el verso dejándolo próximo a la prosa, saliendo de las rutas convencionales y, asumiendo el sentir puro, la emoción que le da la victoria sobre sí mismo, y así, apoderándose de la insólita palabra, frente a dos caminos: uno, que lleva a mirar el cielo, otro, que atrae al abismo. Veamos los primeros versos:

“Yo venía envuelto en un manto de Iris, / desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco / al Dios de las aguas. / Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, / y quise subir al atalaya del Universo. / Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; /seguílas audaz, nada me detuvo; /llegué a la región glacial, /el éter sofocaba mi aliento.”/.

La descripción que antecede expresa su visión bellísima de agua y cielo, citando al Orinoco y al Amazonas, a la vez, esa intención de dominar las alturas, invocando la comprensión de geógrafos y naturalistas, pero, describe su ímpetu liberador que le ofreció el dominio de los Andes y su región glacial, donde se impuso el corazón valiente, al probar el éter, que lo lleva hacia un estado elevado.

 Acaso ese último verso que anoto aquí: /el éter sofocaba mi aliento.”/, ¿no tendrá un sentido paralelo? Se abre un portal, al que el humano ha rehuido por siglos, un misterio que nos atrae, pero nos repele, esta idea se confirma en los siguientes versos:

“Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina / que pusieron las manos de la Eternidad / sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. / Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, / ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, / ha surcado los ríos y los mares, / ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; / la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, / y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.” /.

Los versos que he transcrito a más de constituirse en la metáfora evidente que mi ojo analítico ve, muestran esa dimensión alterna, desde donde vino su misión libertaria, para librarnos del sufrimiento por la colonización. Y aunque la Historia Nacional esté incompleta, queda aquí la explicación a tantas inquietudes, sobre todo, ¿por qué el libertador escogió a Colombia? Es claro Bolívar al afirmar que ascendió a niveles superiores, y su visión muestra que la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.     

Y continúa: “Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, / ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? / ¡Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, / que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, / empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo.” /.

“Llego como impulsado por el genio que me animaba, / y desfallezco al topar con mi cabeza la copa del firmamento: / tenía a mis pies los umbrales del abismo.” /.

“Un delirio febril embarga mi mente; / me siento como encendido por un fuego extraño y superior. / Era el Dios de Colombia que me poseía.” /.

Así el poema continúa haciendo la declaración de una experiencia propiamente espiritual, pues, identifica su contacto con Dios. Resalto aquí que Simón Bolívar no fue ateo, por lo que creo que semejante proeza de libertar cinco naciones, no venía de sus fuerzas, sino de un poder superior.

En este sentido, una de las principales claves que veo en el poema, está en los siguientes versos: “Sobrecogido de un terror sagrado, / ¿cómo, ¡oh Tiempo!  ̶  respondí ̶  / no ha de desvanecerse mi mísero mortal que ha subido tan alto? / He pasado a todos los hombres en fortuna, / porque me he elevado sobre la cabeza de todos.” /.

“Yo domino la tierra con mis plantas; / llego al Eterno con mis manos; / siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; / estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; / mido sin asombro el espacio que encierra la materia, / y en su rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino.” /.

Y culmina con los la parte más excelsa que dice: “En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; / resucito, me incorporo, / abro con mis propias manos los pesados párpados: / vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.” /.

Sí, este es el legado de Bolívar, un hombre que siguió mandatos superiores (nada ni nadie podría vencerlo), me sustento en su declaración. Resaltando que fue la tierra del Chimborazo, el escenario del poema; por lo dicho, no es raro afirmar que ciertamente conocía los pensamientos del Destino (D), dado que, solo ocho años después, en Chimborazo se realiza la “Primera Asamblea Constituyente” (1830), para dar inicio a la República libre del Ecuador.