No se vayan a dormir sin tener en que soñar

Diego Lara León

El rector de la universidad, estaba reunido con su junta directiva, el tema de dicha reunión era decidir quién sería el próximo orador en la gala de graduación anual que ese año incorporaba a 500 nuevos profesionales en diferentes ramas de la ciencia.

Esa universidad se había hecho famosa por haber sido testigo de grandes discursos de personalidades de la ciencia, política, empresa, medicina y deporte.

Ese año en particular no encontraban al invitado especial que necesitaban. Por más que analizaron las propuestas ninguna les convenció.

Aquella noche el rector cenando en casa, les comentó a los suyos sobre el dilema en el que se encontraba, conseguir al mejor orador era una enorme prioridad.

Su hijo, que apenas empezaba la universidad le dijo que tenía al candidato perfecto. “¿Quién es?” preguntó el Rector. “Pues el abuelo de un amigo que acaba de mudarse a esta ciudad y está empezando un nuevo negocio sobre inteligencia artificial”, le contó a su papá. ¿Un señor de la tercera edad empezando un negocio sobre inteligencia artificial? Suena raro, pero interesante. “Y, ¿a qué se dedicaba antes el abuelo de tu amigo?”. “Era el CEO del banco más grande del país”, le respondió.

Obviamente el rector conocía a aquel personaje y se quedó pensando, “¿Cómo un gran ejecutivo de un banco tan grande, deja todo y empieza en algo desconocido para él y en otra ciudad?”. “Imagínate papá”, le dijo el chico, “un gran ejecutivo dejando todo su poder, para iniciar un nuevo proyecto, por eso deberías invitarlo”.

Aquella noche, el rector no pudo conciliar el sueño y su esposa, al sentirlo inquieto le dijo: “Creo que deberías aceptar el consejo de nuestro hijo”.

Al día siguiente, desde el rectorado, salió una carta de invitación a este desconocido nuevo vecino de la ciudad, que en la parte medular decía: “Esta Universidad tiene el alto honor de invitarlo a Ud. a la ceremonia de incorporación de los nuevos profesionales y queremos que sea el orador principal.

Este abuelo sonrió al recibir la carta y aceptó enseguida. Él, cómo la mayoría de personas de ese país, sabía del nivel de discursos que esa universidad estaba acostumbrada a escuchar en las galas de graduación.

Llegó el día y la hora del discurso. El abuelo empezó contando que fue un gran empresario, les comentó sobre todo el poder, el reconocimiento y el dinero que su carrera le permitió tener. También les comentó que justo el día que lo eligieron presidente adjunto de todo el grupo empresarial, es decir, el cargo con más poder que podía existir, decidió junto a su esposa, renunciar y emprender una nueva aventura en otra ciudad.

La sala empezó a murmurar y el abuelo luego de una pausa les dijo: “¿Saben por qué renuncié? Lo hice porque alguien alguna vez me dio un consejo, consejo que hoy le voy a dar a ustedes: “Queridos jóvenes prométanse a ustedes y a sus familias que, cuando estén en ese momento de sus vidas cuando sientan que tienen todo lo que hayan soñado, que están tan cómodos como siempre han querido, se van a preguntar, ¿pudiese tener un trabajo mejor? ¿y si hago un esfuerzo, y si monto un negocio propio o uno nuevo? Pídanle a la persona que aman que se case con ustedes, y si ya lo hicieron vuélvanselo a pedir, acuérdense de los aniversarios, vayan al cine, háganle el desayuno, cuéntense un chiste malo, sientan vergüenza, cuando hace calor apaguen el aire acondicionado de vez en cuando para recordar como sudaban cuando eran niños, escriban un libro, aprendan un idioma nuevo, coman lo que no les gusta, coman con las manos, caminen descalzos en el césped, discutan cuando tengan razón, aprendan a pedir perdón, traten bien a quienes los tratan mal, enseñen con el ejemplo, cómprense lo que siempre han querido y véndanlo, suban una montaña hasta quedarse sin aire.

Finalmente, no se vayan a dormir sin tener algo en que soñar, está prohibido que un día se parezca a otro, y nunca, pero nunca piensen que la comodidad se encuentra en un lugar, la comodidad se encuentra en el camino. La felicidad no está allá, la felicidad está aquí y ahora”.

@dflara