Efraín Borrero Espinosa
Tuve la dicha de conocer a María Elena Cevallos Vásquez, nacida en Gonzanamá el veinte y dos de octubre de 1936, cuando fue rectora del Colegio Beatriz Cueva de Ayora. Su reputación como docente era muy acreditada en el magisterio. Desde entonces mi relación de amistad fue la de un lojano que admiraba y reconocía su apasionada entrega como educadora y formadora de la juventud femenina de Loja, haciendo honor al respetable nombre de la patrona del establecimiento, cuyos hijos se constituyeron en celebridades que han dado prestigio y gloria a la tierra lojana: Isidro, expresidente de la república; José María, notabilísimo abogado y uno de los más grandes oradores forenses y parlamentarios; y, Benjamín Rafael Ayora Cueva, distinguido sacerdote y elocuente orador sagrado.
El Colegio Beatriz Cueva de Ayora surgió del “Liceo Primero de Mayo” creado en 1948 para brindar materias prácticas como sastrería, bordado y contabilidad. Luego, en 1954, fue reestructurado en su nivel curricular para convertirse en un colegio de bachillerato, y por sugerencia de su primer rector, Emiliano Ortega Espinosa, fue renombrado como tal. Isidro Ayora Cueva, como muestra de gratitud vino personalmente a obsequiar el busto de su distinguida madre, en 1970.
María Elena recordaba con afecto el nombre de Isidro Ayora Cueva porque fue entrañable amigo de su padre Ambrosio Alejandro Cevallos Salazar, y juntos compartieron el aula en la Facultad de Medicina de la Universidad Central.
Con Jorge Mora Ortega, otro destacado educador y protagonista de acontecimientos culturales y educativos, ejercieron el rectorado de ese emblemático colegio por largos períodos, constituyéndolo en uno de los pilares de la educación en Loja, al tiempo de darle lustre y prestigio.
Profesores, estudiantes y padres de familia de esa época exaltan a María Elena Cevallos Vásquez como la educadora con vocación innata, inteligencia luminosa y vastos conocimientos, además de su ser enriquecido con valores y virtudes. Con la bondad de madre trataba a sus alumnas por igual y en algunos casos conocía sus problemas para encontrar soluciones eficaces; es decir, una mujer excepcional y admirable que educaba con amor.
Además de la carrera profesional como licenciada en Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación optó por la de Derecho en la Universidad Nacional de Loja, alcanzando los títulos de Abogada de los Tribunales de la República y Doctora en Jurisprudencia, evidenciando que el afán de superación que le permitió impulsar su crecimiento personal fue una constante en su vida.
Ese sacrificado esfuerzo le abrió las puertas de la Universidad Técnica Particular de Loja, a la que se integró con todos los honores para ejercer la docencia en la Escuela de Contabilidad y ocupar algunas importantes posiciones jerárquicas en la modalidad abierta, como la de Jefe del Departamento de Historia y Geografía; Jefe del Departamento de Investigación Educativa, y Asesora Pedagógica de la Escuela de Ciencias Jurídicas. Producto de ese trajinar académico escribió algunas obras en materia de Derecho y educación.
Estuvo vinculada a varias organizaciones sociales y gremiales, entre ellas a la Academia de Artes Santa Cecilia presidida actualmente por su entusiasta hija Ruth Elizabeth León Cevallos, quien se ha propuesto revivir el famoso Coro Santa Cecilia. Fue merecedora de múltiples reconocimientos y homenajes por parte de entidades públicas y privadas. Una calle de nuestra ciudad lleva su distinguido nombre.
Contrajo matrimonio con el destacado jurisconsulto Juan José León Figueroa, quien además de haber sido el mejor egresado de su promoción honró al foro lojano guiado por principios éticos y actuando con honestidad, integridad, lealtad, confidencialidad, independencia y respeto a los derechos y normas legales. La entonces Corte Suprema de Justicia le rindió homenaje imponiéndole la «Condecoración al Mérito Judicial». Sus amigos lo recuerdan con afecto porque se manifestaba con sinceridad, afecto y calidez.
Juan José León Figueroa y María Elena Cevallos Vásquez fueron personas íntegras y sencillas que conquistaron el aprecio de la colectividad. Compartieron el noble sentimiento de la solidaridad y lo disfrutaron plenamente con acciones que a muchos puede sorprender. Cuenta su hija Ruth Elizabeth que destinaban el décimo tercer sueldo para agasajar a niños de escasos recursos económicos cada veinte y cinco de diciembre; Juan José lo hacía en Gonzanamá y María Elena en Loja.
El día jueves doce de noviembre del 2022 tuve un nuevo encuentro con María Elena Cevallos Vásquez, esta vez para sellar una grata amistad que me enriqueció en abundancia. Fue con ocasión de mi incorporación como Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Historia, Capítulo Loja, junto con mis apreciados amigos: Patricio Aguirre Aguirre, Ángel Polivio Chalán Chalán, Talía Guerrero Aguirre y Michelle Aldeán Riofrío, profesionales empeñados en escudriñar las entrañas de nuestra historia lojana para trascenderla al conocimiento ciudadano.
El Capítulo fue creado el día 24 de julio del año 2020 por el destacado intelectual, escritor e investigador, José Carlos Arias Álvarez, por encargo de Franklin Barriga López, Director de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, con el objetivo de reflexionar y comprender las claves de los hechos y procesos que componen nuestra memoria; trabajar en equipo y demostrar que la historia es cada vez más necesaria para formar personas con criterios de identidad.
María Elena Cevallos fue parte del grupo de distinguidos profesionales fundadores del Capítulo Loja junto con Félix Paladines Paladines, Susana Álvarez Galarza, Rubén Ortega Jaramillo, Numan Maldonado Astudillo, Franklin Sánchez Pástor, Galo Ramón Valarezo, Stalin Alvear Alvear y Gabriel Gómez Gómez.
La Academia Nacional de Historia es una benemérita institución fundada el 24 de julio de 1909 por el insigne Federico González Suárez. Se inició como Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos y con el paso del tempo se convirtió en la prestigiosa institución que hoy perdura.
Con el apoyo del señor Alcalde nuestra sede está situada en el Centro de Convenciones San Juan de Dios, inaugurado en el año 2012 por el burgomaestre Jorge Bailón Abad, quien se propuso rescatar lo que quedó del antiguo Hospital San Juan de Dios luego del incendio ocurrido el 28 de mayo de 1965, que con el tiempo se caía en pedazos. Por encima de los problemas y adversidades que tuvo que enfrentar entregó a la ciudad un hermoso y señorial espacio para dedicarlo a la cultura.
Jorge Bailón consideró que ese Centro de Convenciones era el lugar propicio para dar vida al Archivo Histórico Municipal, con el que mantenemos una relación connatural por las fuentes primarias que posee.
Consciente de la compleja tarea de reunir, preservar, organizar y administrar técnicamente el patrimonio documental de la ciudad, viajó a Cuenca para tomar contacto con José Carlos Arias Álvarez que residía en esa ciudad y proponerle que asuma esa responsabilidad en calidad de Jefe del Archivo Histórico Municipal. José Carlos aceptó gustoso el reto, más aún que se trataba de servir a la tierra de su querida esposa, Oliva Armijos Armijos.
José Carlos inició sus funciones en abril del 2013 y con la colaboración de un pequeño grupo de entusiastas y capaces servidores ha venido desarrollando una labor gigantesca para organizar el patrimonio documental de la ciudad, a fin de que sea accesible y de gran utilidad para la ciudadanía. Su ardua labor ha hecho posible que el archivo se posicione entre los más importantes del país, sirviendo eficientemente a los procesos de investigación y difusión de la memoria social y colectiva de Loja. A ello se suma el desarrollo de actividades culturales lúdicas que han trascendido, en algunas de las cuales el Capítulo ha brindado su decidida colaboración. En esas actividades, María Elena Cevallos aportó con ahínco y su característico dinamismo.
La labor investigativa de los Miembros del Capítulo es encomiable, porque como dice su Directora, Talía Guerrero Aguirre, “no solo fortalece nuestras raíces y costumbres, sino que ilumina el pasado que nos permite comprender el presente, forjar el futuro y aportar todos en mejorar nuestra cimentación cultural, indispensable para una sociedad sobresaliente”.
La presencia de María Elena Cevallos Vásquez en el Capítulo Loja de la Academia Nacional de Historia fue notable por su solvencia intelectual, por su espíritu de colaboración y porque con la riqueza de su ser nos permitió disfrutar de una amistad delicadamente cincelada.
En medio del pesar ciudadano falleció el cinco de diciembre del año 2024 impregnando su dignísimo nombre en el corazón de los lojanos y consagrándolo en las aulas donde enseñó, en las organizaciones sociales a las que perteneció, en la Academia de Historia a la que tanto quiso y en una calle de la ciudad que la vio crecer.
