PASÓ HACIENDO EL BIEN

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

Llegamos a la cumbre de una semana llena de amor y bendiciones en la que Jesucristo corona un plan de salvación para toda la humanidad. La Semana Santa, para quienes creemos en Jesucristo, es un tiempo propicio para reflexionar en torno a nuestra vida de fe y buscar el camino que nos ayude a superar aquellas acciones que no hemos hecho bien. La Sagrada Escritura, como luz que alumbra cada paso que damos, relata todos los momentos que configuran la misión de quien demostró, con obras, que es posible vivir amando de manera incondicional. Jesucristo, enseña el libro de Hechos de los Apóstoles, “pasó haciendo el bien”.

Una frase que expresa una verdad que cambió la historia de la humanidad. Sanó a los enfermos, liberó a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con Él. Su muerte en la cruz, colgado como un malhechor, trascendió en la historia y en el tiempo. Resucitó al tercer día ante unos pocos testigos. Ellos asumieron con convicción una tarea que los llevó a anunciar por el mundo entero la alegría de una buena noticia. Jesucristo fue constituido, por Dios, juez de vivos y muertos. Los cristianos proclamamos el triunfo del Señor.

Damos gracias al Señor porque es bueno y su misericordia es eterna. El testimonio de los primeros creyentes se ha propagado por todas partes. Nosotros, señala san Pablo, hemos resucitado con Cristo. Tenemos que buscar los bienes más excelsos, donde está Él, sentado a la derecha de Dios. El Apóstol de las naciones insiste en la búsqueda de los bienes del cielo, no tanto en los de la tierra. Nuestra vida con Cristo está presente en las manos de Dios. No puede haber otra manera de celebrar la nueva Pascua, una Alianza eterna. Los testigos de la fe, como San Juan, el discípulo amado por Jesús, describe el momento en el que la oscuridad de la noche da paso a la claridad de un nuevo día.

El primer día, después del sábado, María Magdalena llega presurosa al sepulcro. El signo que detalla el autor sagrado es muy importante. La piedra que cerraba el sepulcro ha sido removida. Representa el paso de la condena a la libertad. El tránsito de la muerte hacia el misterio de una vida en plenitud. El cuerpo de Jesucristo no está en su lugar. La conmoción que provoca este acontecimiento, inexplicable a la luz de la razón, encuentra una justificación que satisface y llena de paz el corazón y la mente de Juan, María Magdalena y Pedro.

La contemplación de los lienzos en el suelo, el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, doblado en otro lugar, marca para siempre la gran verdad del misterio. Hasta ese momento no habían entendido las Escrituras, según las cuales, Jesús debía resucitar de entre los muertos. Jesucristo ha vencido a la muerte y con ella retorna victorioso a la gloria con Dios, su Padre. San Juan reafirma con convicción aquello que vio y que aclara el norte de su existencia. La resurrección de nuestro Señor Jesucristo fortalece la fe. Con Él, en el mundo entero, buscaremos aquellos bienes que dignifiquen nuestra manera de vivir.