César Augusto Correa J.
Ese 20 de abril de 2005 la televisión transmitía en vivo. El Comando Conjunto de las FF.AA. le retiraba el apoyo a Lucio Gutiérrez, los militares en el Parque de la Independencia retiraban los cercos de alambres con cortantes cuchillas y dejaban el acceso libre a Carondelet, antes de las 12h00. Miles de «forajidos» marchaban desde El Ejido hacia el Palacio de Gobierno; las cámaras muestran un helicóptero saliendo de Carondelet con Lucio Gutiérrez que huía despavorido. «¡Se va Lucio! ¡Se va Lucio!» exclamó Milton Pérez, de Teleamazonas. En todo el Ecuador la gente se prendió a los aparatos de televisión para seguir atentos el desenlace de los acontecimientos. Ante la huida de Gutiérrez la muchedumbre se dirige al aeropuerto, para impedir su salida al exterior. Las cámaras enfocan la pista del Mariscal Sucre. Llega un helicóptero, se baja Lucio Gutiérrez, camina unos 50 metros cuando observa que muchos manifestantes ingresaban a las instalaciones del aeropuerto, entonces se regresa a la carrera al helicóptero, se golpea la canilla al tratar de subir a la nave, pero logra al fin acomodarse dentro y alza el vuelo, con rumbo desconocido (posteriormente se supo que fue a la Embajada de Brasil, que le daba asilo). La muchedumbre regresa al centro; va hacia el edificio de CIESPAL, donde se hallaba el vicepresidente, Alfredo Palacio. «¡Que se vayan todos! ¡Que se vayan todos!» gritan en coro los miles de quiteños que están en las calles. No obstante, permiten que una legisladora le coloque la banda presidencial a Alfredo Palacio, en uno de los balcones de CIESPAL. Un largo día que calmó los ánimos y apagó la hoguera que fue encendiendo Gutiérrez con una serie de atropellos al bien común, que se encendió irremediablemente a partir de la destitución inconstitucional de la Corte Suprema de Justicia el 8 de diciembre de 2004, el reparto de nuevos jueces seleccionados a dedo por los legisladores de Sociedad Patriótica, PRE, PRIAN, la anulación de los juicios penales contra Abdalá Bucaram, Gustavo Noboa y Alberto Dahik por el flamante presidente de la Corte Suprema de Justicia, el «Pichi» Castro y finalmente el retorno de Bucaram al país, que fue lo que derramó el agua del vaso.
Gutiérrez había llegado a la Presidencia con un plan de gobierno progresista, como candidato de una coalición de izquierda, en la que se destacaba Pachakutik. Antes de posesionarse viajó a Estados Unidos, se reunió con el presidente y declaró que Ecuador sería el mejor amigo de ese país imperialista, lo que sorprendió desagradablemente a sus aliados. Comenzó su gobierno otorgando varios ministerios a los indígenas, pero poco a poco los fue alejando. El precio del petróleo subió a 150 dólares el barril, dejando ganancias millonarias, insospechadas. Lejos de utilizar esos extraordinarios ingresos para impulsar el desarrollo del país, a iniciativa de la oligarquía, aprobó la ley del FEIREP, por la cual todas las ganancias no previstas tenían que destinarse al pago de los papeles de la deuda externa. Con tanto dinero el Ecuador comenzó a pagar la deuda externa mucho antes de que se cumplieran los plazos de los bonos; en las bolsas de valores, entonces, se comenzó a comprar los papeles de la deuda ecuatoriana al 105% de su valor nominal, papeles que los tenedores habían comprado al 25% de su valor nominal, es decir, los poseedores de los bonos lograron venderlos al cuádruplo de lo que les habían costado, quien había comprado 10 millones de dólares, los vendió en 40 millones. Entre los beneficiados estuvieron hasta sacerdotes y la misma Conferencia Episcopal. Este festín ocurría mientras los ministerios de salud y de educación vivían a pan y agua.
Al día siguiente, —hace 20 años—, se eligieron nuevas autoridades del Congreso Nacional, conformándose una nueva mayoría de socialcristianos y legisladores de Pachakutik y la Izquierda Democrática. Alfredo Palacio nombró un nuevo gabinete ministerial, incluyendo personajes que gozaban de prestigio entre la ciudadanía y otros desconocidos, como Rafael Correa Delgado. Alfredo Palacio ofreció refundar al país, pero en su corto período fue poco lo que hizo.
El ministro de Economía, Rafael Correa, presentó inmediatamente dos proyectos de ley para mejorar las finanzas del Ecuador, los que fueron aprobados por el Congreso Nacional y lo encumbraron a la fama. Uno de esos proyectos reformó la ley del FEIREP, para permitir que de las ganancias extraordinarias de la venta del petróleo se tomara centenares de millones de dólares para duplicar las asignaciones que para ese año tenían los ministerios de Salud y de Educación. A la oligarquía no le gustó nada que Rafael Correa destinara tanto dinero a educación y salud y le exigió a Palacio que lo sacara. Rafael Correa tuvo que renunciar a los 3 meses de haberse posesionado como ministro, pero 3 meses que fueron suficientes para que se ganara el reconocimiento de todas las fuerzas progresistas y convertirse en favorito para ganar las elecciones presidenciales inmediatas.
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