
Con cantos, danzas, alimentos y un profundo respeto por la tierra, el pueblo Saraguro celebra anualmente la tradicional Supalata, un ritual andino que marca el inicio de la cosecha de los primeros frutos tiernos que fueron sembrados entre septiembre y octubre. Esta ceremonia resalta en la cosmovisión andina, donde los principios de la reciprocidad y solidaridad son esenciales para mantener el equilibrio entre la comunidad y la naturaleza.
Celebración
La Mama Supalata es un personaje de la mitología andina, conservado especialmente en el pueblo Saraguro que es representado como una mujer, vestida con ropa vieja y harapienta, que aparece tras el brote de los primeros frutos del campo. Aunque asume forma humana, su figura encarna a la Pachamama en su estado más vulnerable, evocando la necesidad de solidaridad entre la comunidad y la tierra.
Polivio Minka, técnico encargado de turismo del Municipio de Saraguro, explicó a Diario Crónica que, la celebración de la Supalata comienza la noche del sábado previo al Domingo de Ramos, en un ambiente de sincretismo con la tradición católica. Durante esa noche, en las comunidades de Saraguro, grupos de niños, jóvenes y adultos recorren las calles acompañados de la Mama Supalata y los «supalateros». Estos últimos llevan consigo objetos de cocina como ollas, latas, platos y cucharas viejas, que hacen sonar de manera ruidosa para anunciar su llegada y pedir alimentos. Al recorrer las casas, dicen frases como “supalata”, “supalatita”, “milichaki”, mientras los acompañantes bailan felices alrededor de ellos.
Durante ese día, las familias deben preparar maíz morocho pelado y molido para elaborar los milichaki que son tamales tradicionales envueltos en hoja de wikundo. También ofrecen colada de sambo, dulce de zapallo, y en algunos casos, chicha de jora. Estos alimentos, considerados sagrados, son entregados a la Mama Supalata como muestra de agradecimiento, pero también como parte de ese principio andino del randi-randi, donde dar es parte del equilibrio necesario para recibir.
La entrega o negación de estos alimentos tiene un significado. Según el técnico, si la Mama Supalata no recibe ofrendas en una casa, se despide con una maldición: “zhirán, zhirán”, augurando que la chakra no dará buena cosecha. En cambio, cuando es recibida con generosidad, bendice a la familia y asegura prosperidad para el nuevo año agrícola.
Una vez concluido el recorrido, que puede extenderse hasta el amanecer, los supalateros cargadores —quienes recogen y llevan los alimentos— se reúnen para repartir lo recibido de forma equitativa entre todos los participantes, en un gesto que reafirma los valores de solidaridad y comunidad.
‘Más que una tradición, la Supalata es un acto de resistencia cultural y una expresión viva de la espiritualidad andina que ha perdurado a lo largo del tiempo. Pese a que se ha adaptado al sincretismo religioso, mantiene intacta su esencia ancestral. A través de cantos, danzas y sabores, esta tradición no solo honra a la tierra, sino que también fortalece los lazos comunitarios y asegura que las nuevas generaciones continúen preservando el legado del pueblo Saraguro’, finalizó.
