César Eduardo BRICEÑO TOLEDO
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Se dio la bipolaridad política, durante el balotaje del 13 de febrero pasado. La opinión pública se enfrascó, entre continuar con el desastre de los gobiernos pasados o soñar con un país próspero. El runrún ciudadano, fue persistente por quién votar, finalmente fue por el actual mandatario que izó la bandera de lucha, en contra de la inseguridad, narcopolítica y la corrupción; como aconteció con las inmunizaciones, en el gobierno de Lasso.
La propuesta del gobierno es la Asamblea Constituyente, sin formular los alcances y quienes la conformarían, que se quiere reformar, y el modelo que se quiere implementar. ¿Es la ruta que le conviene al gobierno? La Constitución establece dos mecanismos: Una Asamblea Constituyente, que la Corte Constitucional ya estableció los mecanismos, para elegir a los asambleístas democráticamente, para redactar una nueva Carta; que obviamente avivaría una nueva pugna ciudadana e incertidumbre. La otra forma, es a través de enmiendas o reformas parciales de la Carta Magna; que, debido a las actuales circunstancias deplorables del país, le abreviaría tiempo y dinero. Las enmiendas permitirían un cambio de modelo económico y cambios importantes en lo político. Mediante las reformas, se suprimiría dos funciones innecesarias que han avergonzado al país, el de Trasparencia y Electoral. Solamente seguirían vigentes las funciones Ejecutivo, Legislativo y Judicial; reorganización de la función judicial y eliminación del CPCCS. La Corte Constitucional ya dio el informe favorable para la bicameralidad, y el trabajo por horas, mediante una enmienda.
Quizás una Asamblea Constituyente sería un tiro al pie. ¿Quiénes la conformarían nuevamente? ¿Acaso con los mismos que hoy tenemos en esta desprestigiada Asamblea? No conseguiríamos nada, sino se aprueban previamente las reformas políticas que convienen. De acuerdo a los criterios de los constitucionalistas, dicen que, una nueva Asamblea implicaría una campaña electoral, la elección de los diputados mediante listas, para luego llegar a un referéndum. Una fantasía fue decir que, la Asamblea tendría plenos poderes, como ocurrió en la Revolución Francesa, cuando se intentó derrocar al régimen monárquico, que no es el caso del Ecuador, que fue fundado en 1830. En Riobamba, se elaboró la 1ra. Ley Fundamental. El tiempo para su aprobación sería de 1 año medio a dos años, que llevaría este proceso, que nos obligaría ir, por tres veces a las urnas, con un costo mayor de trescientos millones de dólares. Es el camino ideal, pero es el momento de obrar con realismo, y con la misma legitimidad: las enmiendas o reformas. Los ecuatorianos queremos una buena constitución, de largo alcance, que nos garantice, seguridad, desarrollo económico, educación, salud, trabajo, cumplimiento de las ofertas electorales y continuar la lucha contra la corrupción.
Esta bipolaridad política terminará, si este gobierno hace mejor las cosas que los anteriores. Debemos acabar con esta aberrante bipolaridad política, de miedo y frustración, que nada tiene de ideológico; sino de un feroz populismo de fanáticos, por caudillos interesados en dividir a la sociedad ecuatoriana.
