El baúl de los recuerdos: Edificaciones que circundan la plaza central de Loja, algo de su pasado

Efraín Borrero Espinosa

Haciendo referencia a una relación de Juan de Salinas sobre la recién fundada ciudad de Loja, Pío Jaramillo Alvarado anota: «La traza de la ciudad es muy buena porque va en cuadra formando la plaza, de la cual salen las calles muy derechas y anchurosas, de más de treinta pies; las más largas corren de Norte a Sur». De su parte, Alfonso Anda Aguirre afirma que «bien fundada Loja en el Valle de Cuxibamba, en 1548, Alonso de Mercadillo trazó el naciente pueblo y dividió la cuadra principal que da a la plaza en dos mitades: la una la dedicó a la iglesia parroquial y la otra la retuvo para su persona».

La plaza constituía el punto principal de la ciudad en la que no podía faltar el sitio para la iglesia y para la casa del Ayuntamiento, además de ser el asentamiento de las más importantes familias españolas. De allí que a lo largo del tiempo tener una casa alrededor de la plaza central era un privilegio, más aún que desde siempre ha sido el punto neurálgico de trascendentales acontecimientos históricos, como la suscripción del acta de la independencia de Loja, para citar uno de ellos.

Por supuesto que de las edificaciones primigenias no ha quedado una sola, ya que han sido sustituidas por otras en razón de la transformación urbano arquitectónica de la ciudad.

Mi empeño es hacer un recorrido por las edificaciones que actualmente circundan la plaza central de nuestra ciudad con el propósito de develar algunos personajes y hechos históricos relevantes.

Inicio el recorrido en la intersección de las calles Bernardo Valdivieso y 10 de Agosto, en donde se observa dos edificaciones modernas que ocupan espacios de lo que fue la enorme casa, destinada especialmente para hotel, de Monfilio Zambrano Valarezo, ilustre abogado y destacado hombre público que durante largos años ejerció la docencia en el Colegio Bernardo Valdivieso; fue presidente del Concejo Municipal de Loja y alcalde; además de presidente de la Corte Superior de Justicia. Considerado un modelo de virtudes y de ilustración profunda. Estuvo casado con Matilde Dolores Filomena Palacios con quién procreo varios hijos, entre ellos: Gonzalo Augusto Zambrano Palacios, jurista de reconocida trayectoria que llegó a ser profesor y decano de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica y Presidente de la Corte Suprema de Justicia; y, Alberto Zambrano Palacios que fuera insigne Obispo de Loja. En la familia también se destaca Roberto José Beltrán Zambrano, abogado de profesión y con vasta trayectoria de servicio académico en la U.T.P.L.

Los herederos decidieron segregar el inmueble para traspasarlo por venta a varios compradores; una de ellas fue María Riofrío de Eguiguren, distinguida dama quien fuera reina de Loja y que en nombre de la familia donó al Municipio el acta de independencia de Loja, en la que consta el texto auténtico redactado en castellano antiguo, con el sello real y las firmas y rúbricas de los patriotas que promovieron la gesta. Por versión de la familia se sabe que Rafael Riofrío Eguiguren, padre de la matrona donante, fue un gran historiador lojano y que entre sus papeles había tenido ese documento histórico, guardado celosamente. Otro comprador fue Luis Antonio Loaiza González, distinguido profesional del arte fotográfico, periodista, corresponsal gráfico de varios periódicos del país y dilecto amigo de la sociedad lojana.

Las partes adquiridas por María Riofrío de Eguiguren y Luis Loaiza González son las que dan a la calle 10 de Agosto y en esos terrenos levantaron las construcciones existentes, que en los actuales momentos están en poder de terceros propietarios.

Por la misma calle 10 de Agosto se encuentra a continuación el Museo y Centro Cultural de Loja perteneciente al Ministerio de Cultura y Patrimonio, que ocupa una de las casas más emblemáticas de Loja. La referencia más remota dice que ese señorial inmueble perteneció a la madre de Bernardo Valdivieso y González de las Heras y se terminó de construir en el año de 1730. El filántropo de la educación lojana la habitó largo tiempo.

Años después pasó a poder de Sebastián Eguiguren y luego de Daniel Álvarez Burneo. El 30 de agosto de 1944 el Presidente José María Velasco Ibarra estableció la Fundación Álvarez para que administre adecuadamente los bienes dejados por Daniel Álvarez Burneo. Fue arrendada para el funcionamiento de las oficinas de Estancos y Monopolios del Estado y luego a la Función Judicial. Su amplio balcón sirvió de tribuna para que las delegaciones presidenciales observen los desfiles cívico militares con ocasión del 18 de noviembre.

La Fundación Álvarez vendió al Banco Central del Ecuador aquella hermosa residencia, en 1985, que después de algunas adecuaciones la convirtió en museo. Posteriormente traspasó al Sistema Nacional de Cultura los bienes culturales a su cargo, para que el Ministerio de Cultura y Patrimonio asuma la responsabilidad de los mismos.

Continuando nos encontramos con la casa donde funciona la Gobernación de la Provincia, que fuera propiedad de Julio César Ojeda, distinguido abogado, legislador y gobernador. Durante la gestión de Vinicio Suárez Bermeo como gobernador de la provincia, se la adquirió para el funcionamiento de esa dependencia estatal, contando con el apoyo de su buen amigo Sixto Durán Ballén, presidente de la República, quien le proveyó los recursos económicos para la restauración.

En la esquina quedaba el edificio del Cabildo que incomprensiblemente fue derruido. El gran lote de terreno fue dividido en tres partes, cada una de las cuales fue adquirido por las familias Cuesta, Boada y Sánchez, quienes construyeron sus edificios.

A continuación, me ubico en la intersección de las calles Bolívar y 10 de Agosto, al pie de la casa esquinera de los herederos de Pedro Ortíz, que tiempo atrás fue propiedad del canónigo Fernando Lequerica, un benefactor que donó la casa de su propiedad, ubicada en la esquina de las calles Bolívar y Lourdes, en cuyo interior había caballerizas. Así se logró fundar el Colegio La Dolorosa durante el obispado de Nicanor Roberto Aguirre.

Hace muchos años Arsenio Vivanco Neira arrendó la planta baja de esa casa para destinarla a su primer establecimiento comercial. Posteriormente hizo lo mismo Pedro Ortiz para su almacén de telas, hasta que años después adquirió la totalidad de ese bien inmueble patrimonial, haciendo notorio su intención de preservarlo de la mejor forma.

Siguiendo por el portal se encuentra la casa que fue de la matrona Celina Felicidad Vivar Espinosa, una mujer que se distinguió por el amor a sus semejantes y por sus obras en bien de la comunidad. Gracias a su filantropía y con el apoyo de la orden de los Padres Franciscanos promovió la educación en beneficio de la niñez y juventud de Saraguro. Actualmente pertenece a las herederas del distinguido y reconocido ingeniero civil Guido Iván Riofrío Ullauri, que profesionalmente contribuyó al desarrollo de Loja.  

Después está la casa que fuera de su hermano, Luis Vivar Espinosa, cuya familia es apreciada en los círculos sociales de Loja. En los bajos funcionó primero un almacén arrendado por la familia Ayora y posteriormente la famosa cafetería «Alaska», cuyos primeros propietarios fueron Jorge Eguiguren y su esposa Erminia, quienes vendieron el negocio al alemán Alfredo Moser venido al Ecuador en 1936. Era un sitio muy concurrido y acogedor donde el aroma del café y las tertulias llenaban las tardes lojanas.

Continuando, estaba la casa de Miguel Ángel Vélez Valdivieso. Se dice que en ese sitio el cartagenero Bartolomé de Vivanco, casado en Loja con Isabel de los Reyes, construyó su casa en 1763. Fue uno de los que suscribió el Acta de Independencia de Loja, el 17 de febrero de 1822.

Miguel Ángel Vélez Valdivieso, quien vistió con orgullo la “casaca roja” ostentando el rango de Primer Jefe del Cuerpo de Bomberos de Loja, el 7 de noviembre de 1946, construyó su casa de habitación con la perspectiva de que también funcionara una sala de cine a la cual llamó Teatro Vélez, que era el más concurrido.  Actualmente es propiedad de la Mutualista Pichincha.

Seguidamente está la casa que fuera de Luis Vivanco Neira, adquirida hace pocos años por Bolívar Piedra quien la reconstruyó completamente para convertirla en el “Edificio El Minero”, destinado a locales comerciales y a un gran restaurante.

Finalmente está la casa esquinera construida por Emiliano Abendaño González en 1942, sobre un lote de terreno adquirido por compra a las señoritas Eguiguren, que luego fue de un señor Pontón y hoy propiedad de la familia Guerrero Acevedo

En la esquina de las calles Bolívar y José Antonio Eguiguren se encuentra el edificio de la Municipalidad, construido en nombre de la modernidad sobre los escombros a los que se redujo la vieja edificación de ladrillo, cal y arena donde funcionó el primer colegio de Loja a cargo de los jesuitas, que arribaron a nuestra ciudad en el año 1727.

Sobre ese colegio es posible tener certeza interpretando el croquis existente en el Archivo General de Indias, cuya copia he logrado obtener a través de mi amigo José Carlos Arias Álvarez, Jefe del Archivo Municipal, y por la afirmación del destacado investigador e historiador lojano, Luis Felipe Mora, en su reputada obra “El Ecuador Austral”, editada en 1930. Luego funcionó el Colegio San Bernardo una vez que se instaló en la Iglesia de las Religiosas Conceptas el veintidós de octubre de mil ochocientos veinte y seis. También el Seminario, la escuela “Pensionado San Luis” ligada a los jesuitas, bajo la responsabilidad del insigne maestro Miguel Ángel Suárez, y finalmente la Academia Militar “La Dolorosa” en la que me eduqué y escuché de boca de nuestro ilustre rector, monseñor Ángel Rogelio Loaiza Serrano, el pasado histórico de esa edificación.   

Junto está el edificio de la Prefectura Provincial construido bajo la dirección del arquitecto y escultor chileno Hugo Faggioni Marí, quien, además, con los arquitectos Paolo Russo y Ángel Sangucho rediseñaron y reestructuraron varios elementos de la Basílica del Cisne. Por la década de 1960, en el edificio de la prefectura estaban amontonadas las oficinas de varias instituciones públicas: gobernación, alcaldía, obras públicas, intendencia de policía, correos y el telégrafo.   

En la esquina de las calles Bernardo Valdivieso y José Antonio Eguiguren había un lote de propiedad de la Curia Diocesana, que fue adquirido por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social para la construcción de una clínica propia que contara con modernas instalaciones, quirófanos, sala de partos, emergencia y camas para hospitalización de los afiliados, lo cual era una necesidad impostergable. El gestor fue Vicente García Burneo quien logró la construcción de la clínica a la que llamó “La Dolorosa”, inaugurada el 7 de mayo 1975.

Hacia el lado derecho está la Iglesia Catedral. Alfonso Anda Aguirre sostiene que hacia 1566, aproximadamente, debió haber comenzado la construcción de la Iglesia Matriz, utilizando adobe y piedra. El 20 de enero de 1749 ocurrió un terremoto que causó graves daños materiales a varias edificaciones de la ciudad, entre ellas a la Iglesia Matriz. El General Pedro Javier Valdivieso y Torres, Alcalde Ordinario en 1767, tuvo entre sus prioridades la reconstrucción de ese templo.

El 29 de diciembre de 1862, el Papa Pío Nono dictó la bula pontificia por la cual instituyó la Diócesis de Loja. Según el Canónigo Carlos Eguiguren Riofrío, por ese hecho la Iglesia Matriz fue elevada a la categoría de Catedral.

Desde que se creó la Diócesis de Loja hasta que monseñor José María Massiá se posesionó como su primer obispo, el 30 de noviembre de 1876, los sacerdotes José Ignacio Checa y Barba y José María Riofrío y Valdivieso estuvieron al mando de la iglesia lojana en calidad de administradores y cada cual contribuyó con su entusiasmo para realizar obras de mejoramiento en la Iglesia Catedral. El obispo Massiá también realizó importantes obras en ese templo, pero lo más destacado es que lo dotó de un espectacular órgano que desde hace muchos años permanece en silencio. El segundo obispo, José Antonio Eguiguren, realizó importantes aportaciones e igualmente se preocupó por la restauración del templo.  

A continuación de la Iglesia Catedral están dos edificaciones: la una destinada a oficinas comerciales y de la propia Curia, y la otra perteneciente al Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda. La primera fue originalmente la casa de Alonso de Mercadillo y la segunda de Francisca de Villalobos, su esposa, según refiere Alfonso Anda Aguirre.  

Termino este recorrido concluyendo que la arquitectura moderna, plasmada en algunas edificaciones que rodean la plaza central de Loja, se abrió paso destruyendo nuestra rica herencia cultural, de la que solo queda un doloroso recuerdo.