La importancia de revalorizar el pasado arqueológico de la provincia de Loja

Aitana Piedra Soto

aitana.ps07@gmail.com

Loja, al filo de la patria, ha sido reconocida por el arte, la música y la cultura. Sin embargo, se ha dejado de lado un tópico primordial y muy interesante: el pasado arqueológico-histórico de la provincia.

Nuestro territorio, periférico en la frontera actual del país, fue un lugar de interacción e intercambio muy importante, con el resto de la Sierra, la Amazonía y la Costa del actual Perú. Esa riqueza cultural se evidencia en todos los cantones, ya sea en la cerámica, las construcciones o el arte rupestre que todavía es visible en los paisajes.

Aunque el pasado llama a la riqueza, las investigaciones realizadas en la provincia son muy pocas. Pío Jaramillo, en Historia de Loja y su provincia, hace un primer acercamiento hacia los Paltas, y luego a la conquista Inca, basado en las crónicas de conquista. Hacia 1900, el interés llamó a la puerta de arqueólogos extranjeros, como Max Uhle, Mathilde Temme, Jean Guffroy y Dennis Ogburn y de arqueólogos e historiadores nacionales como Napoleón Almeida, Jaime Celi, Galo Ramón, Diego González Ojeda y, en estos últimos años, Estanislao Pazmiño.

Afortunadamente, conocer a los que nos precedieron no es imposible, dado que gran parte del material recuperado —memoria material— se encuentra en los museos de la ciudad: Museo UTPL, Museo de la Cultura Lojana, Museo de la Puerta de la Ciudad, además de colecciones privadas y de pequeñas colecciones en los municipios cantonales y parroquiales. Aquí podemos conocer un poco sobre las formas de vida de las personas del pasado, y de cómo decoraban y usaban sus artefactos, tanto cotidianos como ceremoniales.

Por otro lado, en algunos lugares de la provincia, el pasado precolombino persiste en los relatos, muchas veces transmitidos de generación en generación. Las historias sobre los antiguos y sus tesoros forman parte del imaginario colectivo; sin embargo, muchas veces, este interés conduce a excavaciones ilegales y a la destrucción de sitios sagrados o domésticos, así como de la historia que los acompañaba.

En este sentido, la puesta en valor del patrimonio arqueológico no es solo una tarea de especialistas e interesados. Conocer y preservar nuestra historia se consigue a través de educar, conversar, construir relaciones comunitarias, y respetar los lugares sagrados para los ancestros. Lo que hoy en día son solo fragmentos, fue una parte fundamental de su vida. Por esto, revalorizar el pasado arqueológico de la provincia de Loja nos permite entender por sobre todo que nuestra historia no es reciente, sino que siempre estuvimos aquí, donde Los Andes se agachan.