Numa P. Maldonado A.
En la entrega anterior, al referirnos a las cuatro formas de gobierno predominantes en el mundo de hoy (república, monarquía, dictadura y teocracia), resaltamos el componente democracia en cada una de ellas, como principal elemento de referencia, o de estructura interna. En esta entrega presentamos una caracterización algo más amplia de la Democracia, como el elemento más importante de la gobernabilidad de un Estado.
Principales características de un gobierno democrático. Garantiza el estado de derecho: todos los ciudadanos tienen derechos, deberes y garantías como la igualdad ante la ley (sin discriminación de ninguna clase) y el establecimiento de límites al poder político que pretenda imponer la impunidad a élites mafiosas y atente contra la libertad y seguridad.
Garantiza la separación e independencia de poderes. Los poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial) son independientes y se vigilan entre sí, lo que permite que ninguna autoridad estatal (especialmente el poder ejecutivo) se imponga sobre las demás y gobierne de forma autoritaria.
Realiza elecciones confiables. Las autoridades políticas (particularmente las de los poderes ejecutivo y legislativo) son elegidas en elecciones libres, a través de comicios universales, secretos y legítimos, sin manipulaciones ni coerción y con la presencia de veedores internacionales.
Respeta y garantiza los derechos humanos universales consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) de la ONU, como los derechos a la vida, la libertad, la seguridad, el trabajo, la nacionalidad, a no ser víctima de esclavitud, tortura o discriminación.
Respeta la libertad de expresión y la libertad de prensa: permite que existan medios de comunicación independientes que interpelen al gobierno e informen sobre lo que ocurre, sin estar sometidos a la censura y a represalias.
Defiende el sistema de partidos: El debate público, la alternancia en el gobierno nacional o los gobiernos locales y la actividad parlamentaria se sostienen en la presencia de partidos, que forma parte de la libertad de asociación y del derecho democrático a una oposición política sensata, como forma de garantizar la buena gobernabilidad, enmendar errores e impedir los regímenes de partido único.
Promueve y practica los valores ético-democráticos: respeto, tolerancia, solidaridad, empatía. Acepta la voluntad de las mayorías, pero protege los derechos de las minorías.
Actualmente, los gobiernos democráticos suelen ser de tipo representativo (las autoridades políticas se eligen por voto popular) y pueden seguir un modelo parlamentario o presidencialista. Y en esa línea hay gobiernos que se presentan como democráticos, pero carecen de muchas de sus características: son, en el mejor de los casos, democracias imperfectas, regímenes híbridos (mezcla de democracia y autoritarismo) o regímenes autoritarios. Dentro de esta clasificación, nuestro país podría ser considerado como una república presidencialista con democracia imperfecta: regímenes político, económico, de salud y seguridad, y electoral caducos, con dueños de partido o caudillos autoritarios, y antiguas mafias introducidas en el poder legislativo y judicial (que rebotan al ejecutivo) e importantes instituciones como el Ministerio de Energía y el Instituto de Seguridad Social, que amparan una vergonzosa impunidad en favor de un pequeño ejército de contumaces pillos…Es decir, un país construido a propósito con leyes que impiden la buena gobernabilidad hacia el Bien Común, y favorecen la corrupción, la inequidad, la migración y la pobreza.
