Por primera vez desde su elección el pasado 8 de mayo, el Papa León XIV saludó a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro desde la ventana del Palacio Apostólico, donde presidió el rezo del Regina Caeli y ofreció su bendición apostólica.
«Desde hace pocos días he comenzado mi ministerio entre ustedes y deseo, ante todo, agradecerles el cariño que me están manifestando. Les pido que me acompañen con su oración y cercanía», expresó el pontífice, de nacionalidad estadounidense y peruana.
Durante su reflexión dominical, el Papa habló sobre la fragilidad humana frente al llamado de Dios:
«A veces nos sentimos insuficientes ante lo que el Señor nos pide, pero no debemos centrarnos en nuestras fuerzas, sino confiar en la misericordia de Dios que nos ha elegido. El Espíritu Santo nos guía y enseña todo».
Y añadió:
«Este morar de Dios en nosotros es precisamente el don del Espíritu Santo, que nos toma de la mano y nos hace experimentar su presencia incluso en la vida cotidiana. Aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mi humanidad, al contrario, viene a habitar en mí».
El Papa también recordó que la presencia divina se manifiesta especialmente «en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren», e hizo un llamado a ser cristianos atentos y compasivos.
En los próximos días, el Papa León XIV tomará posesión como obispo de Roma en la basílica de San Juan de Letrán y visitará Santa María la Mayor para orar ante el ícono de la Virgen María Salus Populi Romani. Con estas ceremonias, junto a su reciente visita a San Pablo Extramuros, se completarán los ritos inaugurales de su pontificado.

