Por: Sandra Beatriz Ludeña
Hay un niño que corre entre las huellas de su pueblo, las tierras están áridas y el sol inclemente anima al grano de polvo lojano, que ahora se instala y hace gala en el atuendo de Zapotillo. Tierra adentro, en una parroquia lejana, llamada Garza Real donde aún hay gente, en lo que se dice el barrio “Hacienda Vieja”, tanto la casa de adobe como el paisaje lucen abandonados, así se ven en la fotografía que muestra “Juan del pueblo” y, solloza un corazón de casa deshabitada.
Deshabitada, ̶ digo ̶, por falta de quien concurra por sus alrededores, deshabitada por carencia de impulsos, del que genera vivencia, los caminos son poco transitados y hasta los árboles se han marchado. Llora el higuerón en su recuerdo, que le heredó el nombre a la quebrada “Agua del higuerón”, pues es extensión de vida, desde el cerro recorre en invierno y hace delta en el río Alamor; mientras que, en verano como hilo se alarga, persistiendo para no dejarse vencer por el clima.
Indiscutiblemente, Zapotillo tiene riquezas como el bosque seco, los guayacanes que nos dan un espectáculo inmejorable, las palmas, pipas, mango, cacao, arándano, uva, cebolla; pero ¿quién se acuerda del higuerón? Cuenta “Juan de inicios de historia”, que, en otros tiempos de higuerones, junto a la quebrada estaban infaltables, como símbolo de fortaleza; su abuelo materno: don Jesús Hidalgo y su padre don Francisco Valdivieso, oriundos de esas tierras, aseveraban que son árboles soportando el cause de la quebrada y ayudaban a restaurar el terreno seco, que se agrietaba para dejar oír su queja. La verdad es que allá, el riego es una demanda de auxilio, y aunque hay canales, no alcanzan a todos. Es el caso de “Hacienda vieja” que aún se provee de “Agua del higuerón”, aunque, el higuerón quede en metáfora.
Según cuenta quien transita esta historia, que por antonomasia se le dice de diferentes formas (según el momento), aquí y ahora “Juan de la vivencia” dice, los barrios vecinos a “Hacienda Vieja” como Saucillo y Ceiba Grande son más próximos a servirse de las aguas del canal de riego que se planificó desde 1.992 y construyó por el año 2.000, este canal toma agua del río Catamayo, de un área a la margen derecha. Mas, desde la data anotada, han pasado veinticinco años, sin concluirse las redes terciarias que sacien completamente la sed de la tierra.
Así llora el higuerón en Zapotillo por la merma del agua, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI) lo reconoce, además no solo los higuerones han partido, por la escasez y mala calidad del agua, por la saturación de sales y más factores que dificultan la vida, como la especulación de la tierra que ha tomado precios elevados, el desalojo de moradores de barrios, y la edad de quienes viven en estos lares, pues allí queda más gente de avanzada edad, mientras que los jóvenes se van al igual que el higuerón.
La actividad agrícola como fuente del sustento se ve menguada, no pueden competir con la producción que ingresa del Perú, así lo expresa “Juan de los ideales”, atestiguando, “la cebolla que se vende por esa zona y viene a la ciudad de Loja, en su mayoría no es de Zapotillo sino del vecino país, ingresada por economía, para sustituir las carencias de producción de los zapotillanos”.
En las fotos de guayacanes en flor no se ve a la abuela vieja peinando la cabeza de la madre niña, a orillas de la quebrada, ni la aridez del futuro de ellas, como tampoco, del presente de los viejos de hoy, pero, los higuerones lloran añorando la tierra rica, por el grito incomprendido del guayacán que dice: en Zapotillo si hay tierra y potencial, pero anhelamos ingeniería, planes puntuales y obras que atiendan a productores, tecnología, reanimar la Granja Garza Real, y pensar en los Juanes, los del pueblo, los de la cultura del ayer, pero también, del hoy. Los Juanes de la vivencia, los Juanes de los ideales.
Juan Jesús Valdivieso Hidalgo al entrevistarlo clama por su pueblo; pues es oriundo de “Hacienda Vieja”, Parroquia Garza Real de Zapotillo, domiciliado en la ciudad de Loja. Es amigo y excompañero de trabajo, solidario, gran ser humano, dispuesto a servir y una voz que hay que escuchar. Lo escribo para mostrar más que el paisaje de los guayacanes.
