A propósito de las próximas elecciones en la Casa de la Cultura

Luis Pineda

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«No quiero llamarnos América Latina porque no somos solo descendientes de latinos: somos descendientes de negros, de pueblos indígenas, de asiáticos; somos descendientes de todos los pobres y perseguidos del mundo que vinieron a América a soñar con un porvenir.» José Mujica.

En los próximos meses se realizarán las elecciones para nombrar a la persona y su equipo que deben cumplir las funciones desde la presidencia de la Casa de la Cultura, Núcleo de Loja. Varios nombres están apareciendo. Sin embargo, nos parece muy importante que ha llegado la hora de debatir las funciones de la Casa de la Cultura. Primero, estamos hablando de la Casa de las Culturas con una visión Pluricultural. Segundo, tenemos que profundizar en las reflexiones sobre el papel de la cultura en la sociedad actual. Tercero, ha llegado la hora que se tenga presente a todos los actores culturales de toda la provincia y no solamente de la ciudad de Loja. Cuarto, es hora de planificar procesos de educación cultural y no solamente actividades culturales. Quinto, pensar en equipos culturales y no solamente en personas.

Nos parece oportuno los cuestionamientos de Pedro Pierre, en su artículo “Por la fraternidad sin frontera”:

“En mis lecturas de estos últimos días me llamó la atención una frase que no deja de darme vuelta en la cabeza: “Mientras desaparece la fraternidad, crecen el caos y la muerte”. ¿No será que nosotros pasamos mucho tiempo en cosas secundarias y dejamos las más importantes como la fraternidad, por ejemplo? Así se nos van la vida y la felicidad en un mundo en que nos destruimos los unos a los otros.

La solución de nuestros problemas y el alcance de la felicidad está en nosotros mismos. Cada uno somos la unión del bien que construye y desarrolla y del mal que divide y destruye, comenzando en nosotros mismos. Nos toca a nosotros fortalecer el bien para que amenore el mal. En su tiempo san Pablo decía: “Vencen el mal con el bien”. Muchas veces buscamos con mucho afán las causas y los causantes de lo que nos está pasando. Por una parte, está bien. Pero ¡cuántas veces terminamos culpando a los demás sin ver que los primeros responsables somos nosotros mismos.”

Para profundizar en las reflexiones propuestas al inicio del artículo, nos parecen oportunos los pensamientos de Néstor Kohan, en su libro “Sociología de la cultura e historia intelectual”:

“Mucho antes de que el noble intelectual estadounidense, antimperialista sincero, Noam Chomsky empleara la expresión «fabricación industrial del consenso», Antonio Gramsci se había percatado que un buen programa ideológico-político nunca podría triunfar si no se hace carne en la vida cotidiana de las masas populares. Y que esa tarea jamás se logra por el mero fluir vaporoso de ideas atractivas y narrativas seductoras (sean falsas o verdaderas). Hacen falta además instituciones que empujen, presionen —en una u otra dirección— y faciliten que ciertas concepciones del mundo abandonen la pulcritud de su torre de marfil para ganar el corazón, la voluntad e incluso el inconsciente colectivo.”

Jamás olvidemos el llamado de Manuel Benjamín Carrión Mora, fundador de la Casa de la Cultura:

“Si no podemos ni debemos ser una potencia económica, política, diplomática y menos, mucho menos militar, seamos una gran potencia de cultura porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia”.