Flautista lojano y su arte-sano

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Al pasar por San Sebastián de Loja veo joyería y amuletos de cuero, madera, alambre y piedras semipreciosas, semillas y más. Un día, digo ¿Señor del arte-sano, de qué se hacen sueños? De persistencia, calle, ganas de andar y encontrarle la costura al mundo, me responde.  Se ubica en el portal lateral al templo, donde están las bisuterías y manualidades, pero en este caso, el flautista exhibe cosas raras, en su mesa hay piedras como cuarzos, amatistas, ágatas y más.  Me llama la atención los cristales, le digo que dónde los consigue, de mis viajes por Sudamérica, cuenta.

Conocedor de los minerales habla del cuarzo de colores: amatista o cuarzo violeta como conductor de energía permite conexiones intuitivas. Me hace ver el citrino amarillo traído del Brasil, e instruye: “para atraer abundancia”; pero, acá está el cuarzo ahumado, excelente para la protección, su energía nos sostiene. Y resalta que, el cuarzo blanco es más buscado, pues lo asocian con purificación.

En joyería, veo figuras en alambre (alambrería). Tiene colgantes de semillas, piedras y tejidos para usar en las gargantillas de cordón, fibra plástica o deshilachado de cuero.  Con alambre hace diseños sin usar suelda, solo con torciones, pero también suelda para reparar joyas a pedido de clientes.  Veo un crucifijo con una apariencia de modularidad, a través del principio envolvente o de contención, consiguiendo así la figuración del todo.  Tiene amuletos, figuras folclóricas, místicas, étnicas. Sus artesanías simbolizan conexión con la tierra, con el cosmos y, su filosofía de vida libre.

En uno de mis recorridos por el portal, veo al arte-sano inmerso en una melodía dulce, melancólica y hermosa con su flauta.  Escucho, la Plaza de la Independencia está iluminada, los árboles con sus hojas declinando, se mecen al ritmo del viento frío y nocturno, la melodía parece atravesar el tiempo, gestas, nupcias, funerales que salieron del templo, el susto de niños bautizados en frío y los sueños de transeúntes. Me quedo hasta el fin, él abre los ojos; tanto la plaza, como los árboles, bancas, la torre del Reloj y todo lo demás parece más vibrante, más hermoso.

Le pregunto acerca de la flauta, dice que es traversa, de madera, cuarenta y dos centímetros, tiene tres segmentos de orificios, cada segmento con tres perforados, de diferente tamaño. Cuenta que es especial, pues a diferencia de las flautas normales, que se ejecutan por un extremo y boquilla; en este caso, se sopla por un costado, en el bisel o labio y con una técnica compleja, por eso su nombre de traversa (en posición transversal al cuerpo del flautista).  Le gusta también la flauta piccolo, y muestra una “quena” que trajo de Bolivia.  Nombra el rondador que tiene historia y la gaita que se usa en Colombia.     

Aquella flauta en sus manos es hecha por él.  Por qué su sonido es tan especial, ̶ le pregunto ̶, él dice: depende de cómo se ejecuta.  Al inicio, el viento parece chocar sin armonía, luego nos vamos acoplando y, si me empecino, sigo, sigo hasta que, con el tiempo, la flauta es parte de mi ser, a través de ella suena mi alma.  

Prosigue: “al principio yo hago la flauta, luego, ella es mi voz.  La hago con madera natural, le doy forma, con su vacío y su desfogue, con su prolongación y su capacidad de sonido. Aprender a ejecutar una flauta traversa ayuda a entender la vida, a nosotros que vamos con una montaña entre el corazón y la cabeza, encantarnos con un sonido tan andino, hecho de tierra y árbol, de conexión de cielo y suelo, y saber que solamente al propagar el aire por su bisel o embocadura, tapando y destapando sus orificios, comprendemos todo. La vibración por el tubo de la flauta, depende del soplo, como cuando respiramos, la vibración es vida.  La melodía es cuestión del aire viajando por el tubo, como vida que es aire viajando por nuestra respiración.   Conseguimos una melodía grave cuando el aire va despacio; más aguda, cuando el aire va rápido. Así entiendo que entre sus manos queda un fruto por abrirse, una puerta hacia la esencia y hermosura de la vida.  

El flautista del arte-sano se llama Miguel Ignacio Sánchez Sáenz, lojano de cincuenta y un años de edad, con sus alambres, con sus amuletos, con sus flautas y melodías, un artista de la calle, un sabio de la vida.  Cuando vayamos por San Chavaco, no obviemos sus artesanías, sus flautas personalizadas, y apoyemos, que este señor del arte-sano nos da cátedra de vida.