El baúl de los recuerdos: LA CONSPIRACIÓN EN “AGUA HEDIONDA”

Efraín Borrero Espinosa

Cuando el primero de mayo de 1948, Alfredo Rogelio Valdivieso Eguiguren se posesionó ante Luis Emilio Eguiguren Burneo, Gobernador de la Provincia de Loja,  para ejercer el cargo de Oficial Mayor con el sueldo de trescientos sucres mensuales, se inició la trayectoria de un hombre que se tornó en “El ser inolvidable”, como lo describe su hija María Eugenia quien le dedicó un hermoso libro, haciendo notorio que es difícil resumir la historia de un hombre polifacético y destacado como fue su padre, con una vida tan prolífera y abundante además de su grandioso legado.

Tenía veinte años, pues nació el cuatro de junio de 1928. Víctor Castro Ortega que fungía como secretario le dijo en corto que el Gobernador confiaba en su capacidad, honestidad y buen desempeño. Sabiendo que se trataba de su primer trabajo le infundió confianza para que se inicie con pie firme.

Durante un año se desempeñó eficientemente causando una grata impresión en todos sus compañeros con quienes compartió un ambiente laboral fraterno y respetuoso. Así mismo, conquistó el aprecio de las personas que por cualquier motivo acudían a la Gobernación, porque su exquisita amabilidad surgía espontáneamente.

En el primer trimestre de 1949 se produjo el cambio de Gobernador asumiendo esas funciones Ezequiel Molina Valdivieso, un abogado de reputado prestigio que bien conocía a la familia de Rogelio Valdivieso, de quien recibió las mejores referencias.

El Gobernador consideró que por sus méritos era la persona idónea para ejercer el cargo de Comisario Nacional Primero en reemplazo de Lauro Sergio Hidalgo que había renunciado. En efecto, el primero de mayo de ese año lo ascendió y posesionó con un sueldo de cuatrocientos cincuenta sucres mensuales.

Las actas de posesión se conservan en muy buen estado y gracias al apoyo de Janeth Solórzano Vidal, Asistente de Documentación y Archivo de la Gobernación de la Provincia, pude obtener la copia.

Para la designación de Comisario Nacional el Gobernador presentaba una terna al Ministro de Gobierno, y según el Código de Procedimiento Penal que regía en aquel tiempo era considerado una autoridad de Policía que contaba con el apoyo de la Fuerza Pública, Jefes de Seguridad y Jefes de Investigaciones.

Era la época del presidente Galo Plaza Lasso quien había asumido el poder hace pocos meses, ciñendo en la sesión solemne de posesión la misma banda que había usado su padre, Leonidas Plaza Gutiérrez.

Galo Plaza tuvo que enfrentar la dura oposición de ciertos sectores político, entre los que estaba el partido Concentración de Fuerzas Populares cuyo líder, Carlos Guevara Moreno, lo agredía públicamente con improperios, y a cuya causa se sumaron sectores estudiantiles quienes lo acusaban de favorecer los intereses de empresas transnacionales en Ecuador, especialmente por la celebración de contratos petroleros y otros que se consideraban desventajosos para el país. Se argumentaba que las empresas transnacionales ejercían influencia en la toma de decisiones políticas afectando la soberanía nacional.

El Gobernador confiaba en Rogelio Valdivieso para cuidar la tranquilidad y orden públicos, preservando irrestrictamente los derechos humanos y el debido proceso en sus decisiones y resoluciones. Además, conocía su prudencia y tino para abordar los problemas individuales y colectivos.

Las cosas marchaban bien, como dirían en lenguaje castrense: “sin novedad en el frente”. Pero ocurrió que el día cuatro de julio de 1949, a solo dos meses de haberse posesionado como Comisario Nacional, tuvo que enfrentar un problema mayúsculo.

El asunto fue el siguiente: por informe de ciertos elementos de la Fuerza Pública, de los Jefes de Seguridad y Jefes de Investigaciones, el Gobernador conoció que, en ese día, a las once de la mañana, a cinco kilómetros al norte de la ciudad de Loja, esto es en el sitio “Agua Hedionda”, ha tenido lugar una reunión de carácter político y subversivo contra el régimen constituido por parte de algunas personas desconocidas.

La autoridad provincial encomendó a Rogelio Valdivieso hacerse cargo del asunto en el ámbito de sus competencias y en el marco de la ley, a fin de garantizar la paz ciudadana, pero sobre todo la estabilidad democrática.

Entre esas personas estaban: Julio Moreno Espinosa, un abogado quiteño con filiación liberal, de unos treinta y tres años; un militar en servicio pasivo y unos pocos civiles, quienes habían invitado a tres oficiales pertenecientes al Batallón “Carchi” para que se sumen a la causa y dar un golpe de Estado, cuyo movimiento subversivo estaba en conexión con otros similares en toda la república, según afirmaron los informantes.  

Consta en el expediente que la reunión se llevó a cabo en una pampa al costado de las instalaciones de “Agua Hedionda”. Estaban medio escondidos con la intención de pasar desapercibidos. 

“Agua Hedionda” era un balneario de agua que contenía alta concentración de sulfuro de hidrógeno, muy conveniente para fines terapéuticos. Estas aguas, a menudo ricas en otros minerales se caracterizan por su olor a huevos podridos y se cree que tienen propiedades beneficiosas para la piel, el sistema respiratorio y el aparato digestivo. Muchas familias lojanas acudíamos al sitio para pasar el día, siempre de la mano de las madres que eran las promotoras, incluyendo la preparación del seco de gallina runa.

Con la urgencia que el caso ameritaba, Rogelio Valdivieso asumió la responsabilidad    disponiendo a su secretario, Eduardo Solano de la Sala Torres, haga tronar la máquina de escribir con la velocidad del rayo para iniciar el proceso, actuando siempre sobre la base de las fuentes oficiales. Por aquel tiempo la inteligencia militar era incipiente razón por la cual no se contó con ese aporte.  

Después de señalar los indicios suficientes y establecer que “lo relacionado constituye infracción pesquisable de oficio”, mandó se instruya el correspondiente sumario contra los indiciados Julio Moreno Espinosa, el militar en servicio pasivo, civiles, y más autores, cómplices y encubridores que pudieran aparecer responsables de la infracción que se pesquisa y trata de sancionar.

Dispuso que por la Vindicta Pública se cuente con el señor Agente Fiscal Primero y con Francisco Rodas a quien nombró Defensor de Oficio. Además, que se reciba la declaración indagatoria de los indiciados; los testimonios de los militares que fueron invitados a la reunión en “Agua Hedionda”, y que se practiquen cuantas diligencias fueren necesarias para el mejor esclarecimiento de los hechos que se investigan. Es decir, todo ceñido a la ley. Con ese auto cabeza de proceso se citó a todos los involucrados, de tal manera que estaban perfectamente enterados de lo que se estaba dando.  

En las declaraciones y testimonios cada cual alegaba ser inocente y decía la verdad a su manera. Julio Moreno Espinosa, de quien se presumía lideraba la conspiración, dijo haber venido a Loja en calidad de jefe del partido liberal radical acompañado de dos civiles y del coronel en servicio pasivo Gálvez, vocal del directorio nacional, con el propósito de visitar a los miembros de la junta provincial, tal como lo habían hecho en Carchi, Imbabura, Guayas y Azuay. Que en el día y hora indicados ciertamente visitó el balneario de “Agua Hedionda” porque con Ricardo Arias y Arsenio Vivanco Neira estaban recorriendo la ciudad, y que luego fueron a El Valle, parroquia conocida por su rica tradición gastronómica, especialmente por la exquisita preparación del cuy, uno de los platos más tradicionales de Loja y parte integral de la cultura local.

En este punto y a manera de paréntesis, bien vale comentar que la venta de cuyes preparados en El Valle es una tradición que se remonta a varias décadas. Aunque no hay una fecha disponible podemos inferir que esta práctica lleva al menos ochenta años en funcionamiento y que se ha transmitido entre descendencias familiares. Lolita Silva Cabrera, moradora del sector, asegura que ella había heredado esa tradición de su madre y abuela, quienes vendían cuyes asados en la salida de su casa junto al parque.

Pero hay algo importante que resaltar. El Valle fue una de las dos primeras parroquias urbanas de la ciudad de Loja; existe desde cuando se fundó como San Juan de El Valle con raíces ancestrales, cuyos pobladores tradicionalmente consumían cuyes, especialmente en ocasiones especiales y festividades, porque era el plato típico de la región andina. Miguel Riofrío en su grandiosa novela «La Emancipada», que fue una revelación que iluminó su visión literaria, hace referencia a la parroquia de San Juan del Valle haciendo notorio que ahí está el templo y el caserío principal de las cinco parcialidades de aborígenes.

A lo largo del tiempo alguien le dio el toque mágico a la preparación del cuy logrando un sabor que excita el apetito, convirtiéndolo de esa forma en un tesoro culinario lojano, además de popularizar el sitio.

Volviendo al asunto de las declaraciones, el coronel Gálvez aseguró que es fiel compañero de lucha de Julio Moreno Espinosa. Manuel Granizo también aseguró ser militante del partido Liberal Radical.

Efrén Serrano expresó que simplemente condujo la camioneta desde Cuenca a Loja en la que se embarcaron Julio Moreno Espinosa y sus amigos, y los militares en servicio activo reconocieron haber conversado sobre el asunto y que transmitieron lo acontecido al Jefe de Zona.

Los abogados lojanos tuvieron buen camello con el caso en cuestión y defendían fervorosamente a sus clientes. El proceso indagatorio avanzaba bajo la mirada de Rogelio Valdivieso, hasta que se pronto llegó una comunicación a la Gobernación de la Provincia por parte del municipio quiteño haciéndole saber que el sindicado, Coronel en servicio pasivo Bolívar Gálvez, es concejal de ese Municipio y que en virtud del artículo diecinueve de la Ley Orgánica del Poder Judicial, tiene fuero de corte.

Lo sorprendente es que Gálvez nunca hizo mención ni invocó tal calidad; como dirían en la costa: se mantuvo “cayetano la bocina”; pero como el Gobernador hizo conocer el particular al Comisario Nacional, éste remitió el proceso a la Corte Provincial de Justicia presidida por el destacado jurisconsulto Víctor Vivar, como correspondía en derecho por el fuero de Gálvez, y allí se ventiló el caso que es la segunda parte de esta historia desconocida.

A los pocos días, el cinco de agosto de 1949, un terremoto en la provincia de Tungurahua destruyó parcialmente Ambato, sepultó a Pelileo y arrasó a Pillaro, ocasionando ocho mil muertos y decenas de viviendas afectadas, razón más que suficiente para que el país concentrara su atención solidaria en tan catastrófica situación y que cualquier intento desestabilizador se entierre en el olvido.  

En este singular caso, conocido como “Conspiración en “Agua Hedionda”, como consta manuscrito en la portada del expediente, se destacan dos protagonistas cuya connotación relució años más tarde: Rogelio Valdivieso Eguiguren, que con valentía cumplió su responsabilidad, y Julio Aníbal Moreno Espinosa, a quien presentaban como el principal sospechoso de la conspiración, que al parecer fue una falsa alarma de los informantes. 

El primero, con una oratoria deslumbrante y cálida, de allí su bien ganado apelativo de “Pico de Oro”, se desempeñó como Embajador en Bolivia en circunstancias difíciles para los ecuatorianos. Su destacada labor en las embajadas de Portugal, Brasil y Argentina fue reconocida con lauros y puso en alto el nombre del Ecuador. En 1968 fue designado Ministro de Relaciones Exteriores, funciones en las cuales abordó aspectos de trascendencia para el Ecuador. Los Ministros del Exterior de Perú y Chile, con ocasión de la reunión tripartita sobre derechos del mar, sostuvieron que la doctrina sobre las doscientas millas debería llamarse “Doctrina Valdivieso”.

El segundo, se desempeñó como alcalde de Quito en dos períodos; Contralor General del Estado; embajador en Alemania; Superintendente de Bancos; Ministro Juez del Tribunal de lo Contencioso Administrativo y diputado por Pichincha.

Bien podemos decir: cosas de la vida; pero, sobre todo, que lo ocurrido con el caso “Agua Hedionda” es uno más de los sucesos escondidos de nuestra historia lojana.