Ver su gloria

Fernando Oñate

Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11: 38 – 44).

Esta historia, narrada por el apóstol Juan, es maravillosa. Jesucristo había sido informado de la enfermedad de Lázaro y de su gravedad, pero deliveradamente tardó en llegar a casa de Lázaro. Cuando Marta y María, hermanas de Lázaro, hablaron con Jesús se lamentaron diciendo “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11: 21). Jesús entonces, al verlas llorando, y a los judíos que las acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió. La escritura dice que “Jesús lloró” (Juan 11: 35).

La gloria de Dios se manifiesta en los momentos más dificiles. Normalmente queremos evitar las pruebas, en esas circunstancias nos sentimos débiles y sobrepasados más el Señor nos dice “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12: 9). La gloria de Dios se manifiesta cuando quitamos los obstáculos: Era más fácil quitar la piedra, que resucitar a Lázaro. El Señor se encarga de lo imposible, pero debemos hacer nuestra parte. El pecado, el orgullo, la soberbia, el odio, la incredulidad son algunos de esos obstáculos, quitémoslos y Él obrará.

La gloria de Dios se manifiesta cuando esperamos su tiempo perfecto. Jesucristo sabía que la enfermedad de Lázaro “no era para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Juan 11: 4). El Señor en su soberanía puede esperar hasta el último momento para que no nos quede la más mínima duda de que la ayuda vino del Todopoderoso.

Finalmente, Dios va a actuar, cuando usted crea lo que Él dice, cuando usted obedezca su palabra. Cuando quitaron la piedra, Jesucristo obró y Lázaro fue levantado de entre los muertos.

El Señor conoce lo que sentimos, sabe lo que atravesamos. Él está dispuesto a ayudarnos y manifestar su gloria en nuestras vidas. Hagamos nuestra parte, Él hará lo imposible.