Quilanga, 15 de agosto 2025
Hablar de los personajes de un pueblo, es recuperar su historia que se plasma en el día a día de sus hijos e hijas que incansablemente se esfuerzan por dejar lo mejor de sí en el rol que les corresponde desempeñar. Es traer a la memoria las acciones humanas personales y colectivas que le merecen un lugar en la historia. Es tomar conciencia de lo que fuimos y vivimos y que puede ser recuperado.
Hoy, en este tercer artículo voy a hablar de la mujer quilanguense, una mujer de lucha, ordenada, recatada, perseverante y de convicciones religiosas y espirituales que le hacen una buena persona y un buen ser humano.
Hablaré de Macrina Isabel Marín Castillo, mujer, hija, esposa y madre de familia. Don Limbano Marín y doña Isabel Castillo vieron nacer a la niña de sus ojos, vivaz, alegre y comprometida con su pueblo el 01 de enero 1922, en la parroquia Quilanga en donde se creció, se educó y forjó su familia. No tuvo la dicha de morir en su terruño como lo decía siempre en sus discursos, pero se quedó en el corazón de su familia, de sus amigos y de sus vecinos, quienes la recuerdan con cariño y alegría.
Macrina Isabel contrajo matrimonio con don Juan Antonio Jiménez, su numerosa familia está conformada por 15 hijos e hijas: Homero (+), Nelson, Ángel, Rosa (+), Telmo (+), Blanca, Luis, Julia, María, Marlene, Judith, Elsa, Elva, José Miguel y Edgar, quienes desde distintas ciudades del país y del mundo la `premiaron con nietos y bisnietos, pregoneros del carisma y de la visión de doña Macrina.
Sus hijos salieron pronto a estudiar y forjaron sus familias en Loja, Guayaquil, Quito, New York, España e Italia. Siempre que pudieron visitaron su dulce hogar con mucha alegría, la fiesta que más disfrutaban era el carnaval y su gozo más grande ver cristalizado la aspiración de su madre, verlo a Quilanga un cantón libérrimo, próspero y con esperanza para todas las generaciones.
Sus vecinos ven la representación de una mujer de trabajo, una lideresa que estuvo presente en todas las gestas que su tierra llevaba adelante, las fiestas religiosas, las fiestas de parroquialización y su impulso y acompañamiento para la creación de un centro de estudios secundarios y la cantonización. A ello se debe agregar su generosidad y solidaridad con quienes acudían a buscar su ayuda de un consejo o un apoyo económico. Por su simpatía y empatía recibió el premio de Madre símbolos y mejor ciudadana de Quilanga
Los niños de los años setenta y ochenta la recordamos con alegría porque era la primera en arreglar el pesebre de navidad, junto a la imagen de un niño sentadito los reunía a todos para rezar la novena, cantar los villancicos y recibir los caramelos en la noche buena.
Siempre que salía a la calle en su caminar les recitaba sus versos y dichos a las personas para sacarles una sonrisa, su nieta, Katina nos comparte uno de ellos, cuando las aconsejaba “si te pide un besito dale un caramelito”, o, cuando uno iba a su tienda planteaba una adivinanza, “agua pasa por mi casa, cate te dice mi corazón”, si acertaba se ganaba un delicioso helado de leche.
A doña Macrina le encantaba leer, bailar y cantar la música nacional. En su paso por los escenarios de las noches quilanguenses no faltaba su pasillo preferido “Tres Marías”. De sus comidas preferidas, nos cuenta una de sus hijas, era el repe y el sancocho de cungatullo.
La vida de doña Macrina terminó en la ciudad de Loja el 08 de agosto de 2008 acompañada de su esposo y de su familia. Nuestro recuerdo hasta el cielo y hasta su familia de una gran mujer y un gran ser humano.
