Tiempo de construir utopías

luis_pineda47@yahoo.es

“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más.

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar.

¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar.”

Eduardo Galeano

Los tiempos de crisis nos obligan a buscar alternativas en los diversos ámbitos de la vida. Hoy vamos a conversar sobre las utopías.

Para profundizar en el tema, les proponemos algunos aportes de Gabriel Otalora en su artículo “Son tiempos de utopía”:

“¿En un mundo en crisis, tienen cabida las utopías? Es decir, sitio para la representación imaginaria de una sociedad mejor que la actual, de imposible o difícil realización, al menos en el momento en que se formula. La utopía no es el presente, pero proyecta modelos de ideales universales para organizaciones sociales y políticas concretas.

Utopía es un neologismo creado por Tomás Moro para describir la sociedad perfecta frente a la Inglaterra renacentista. Fue planteada a contrapelo del rumbo marcado por el progreso brutal ya inminente. Era una posibilidad alternativa de algo nuevo, más justo, más igualitario.

Aquello no fue la primera utopía de la historia -ni la última- aunque sí con ese nombre. La misma idea de proyectar un mundo mejor se había expresado antes en la ciudad mesopotámica de Dilmún; en algunos relatos bíblicos, en el pasaje con los feacios de la Odisea de Homero, o en Confucio y en Platón, por poner algunos ejemplos.

No desdeñemos las utopías como un motor de cambio histórico; frente a las políticas anti utópicas, como es el caso del neoliberalismo tan acumulador como no cristiano. Sobre ellas podemos construir parcelas de actividad para un mundo mejor. Un ejemplo son los Foros Sociales Mundiales (FSM), fuente innovadora como alternativa al modelo de pensamiento único económico. En ellos han destacado las aportaciones de Joseph Stiglitz, Ignacio Ramonet o Federico Mayor Zaragoza, entre otros.

A pesar de que las utopías -de muy distinto signo- son parte de la historia, sufren un desprestigio, sobre todo entre quienes prefieren mantener las cosas como están y no correr riesgos introduciendo cambios personales en sus vidas, ni cambios sociales y políticos que dañen sus intereses particulares.

Estas utopías se manifiestan en forma de proyectos micro de transformación social. Por ejemplo, para que determinados pueblos puedan comer dos o tres veces al día, y que todos dispongan de un techo. Cuando esta realidad está lejos de lograrse para todos, el que una o varias personas reduzcan su precariedad es muchísimo para ellas, aunque para nosotros sea una gota en el océano. Esto también es transformar la realidad, a pesar de las estructuras injustas que las provocan. Quiero decir que es positivo trabajar por utopías. Es humanidad básica. De hecho, trabajar en las minimalistas crea la base para utopías más altas por un mundo mejor. Visto desde otro ángulo, el Principio Esperanza (Ernst Bloch, marxista) es compatible con el Principio Misericordia (Jon Sobrino, cristiano).”