Galo Ramón Valarezo
Un origen que desafía la historia oficial
Contrario a la creencia popular que sitúa el origen del café ecuatoriano en Jipijapa en 1860, registros históricos revelan que la primera planta se sembró en Loja, al menos tres décadas antes. El Censo Económico de 1825 ya registraba un quintal de café en el cantón Cariamanga, lo que implica que su cultivo comenzó entre 1822 y 1823. Para 1826, la producción se había extendido a los cantones de Catacocha y Zaruma, consolidando una incipiente pero sólida cultura cafetalera en toda la provincia.
Este desarrollo fue posible gracias a siete factores clave: la migración de pobladores con nuevas ideas, la disponibilidad de tierras vírgenes, la existencia de huertas agroforestales ancestrales, condiciones biofísicas ideales, la rápida incorporación del café en la dieta local, precios atractivos frente a otros cultivos, y una tecnología adaptada a las condiciones rurales. El café se convirtió en parte de la identidad lojana, presente en desayunos, mingas, velorios y celebraciones comunitarias.
Crecimiento, auge y declive
A finales del siglo XIX, el café lojano se convirtió en un producto de exportación hacia la costa y el norte del Perú, beneficiado por la apertura de rutas comerciales y la recuperación económica postguerra. Aunque la panela y la ganadería seguían dominando, el café comenzó a posicionarse como una alternativa rentable. En 1925, con la crisis del cacao, el café alcanzó precios tres veces superiores, convirtiéndose en el principal rubro de exportación del país.
Durante las décadas siguientes, la producción cafetalera creció, pero también enfrentó altibajos. En 1974, la superficie cultivada cayó a 1.751 hectáreas, y en el año 2000 apenas superaba las 2.600. La migración, el colapso de la agricultura campesina y la volatilidad de los precios internacionales provocaron una pérdida de protagonismo.
El renacer del café lojano: reconocimiento internacional y salto técnico
A pesar de los desafíos, la cultura cafetalera se mantuvo viva en Loja. En 2007, el café de Quilanga ganó el concurso nacional Taza Dorada, y desde entonces, productores lojanos han triunfado en 12 de las 18 ediciones. Algunas fincas han alcanzado puntajes superiores a 87 en la escala SCA, llegando a 92,65 en 2022. Estos logros han despertado el interés de nuevos productores y han impulsado mejoras en prácticas agrícolas, cosecha, procesamiento y comercialización.
Se han introducido técnicas como la cosecha intermedia, el uso de sacos limpios, el despulpado inmediato, el manejo responsable del agua, el secado controlado y el transporte clasificado. Además, se han creado laboratorios para análisis físico y organoléptico, permitiendo identificar perfiles sensoriales únicos: aromas de caramelo, manzana, vainilla; sabores de nuez, chocolate, miel; acidez diversa y cuerpo cremoso.
Actualmente, Loja cuenta con unos 6.000 caficultores que cultivan 7.500 hectáreas, el 65% bajo prácticas orgánicas. Aunque ocupa el cuarto lugar en volumen de producción nacional, lidera en calidad, con variedades como Bourbon, Typica, Caturra, Sidra y Geisha.
Organización, marca y desafíos futuros
El fortalecimiento organizativo ha sido clave: asociaciones cantonales e inter-cantonales han mejorado la gestión, inversión y visión estratégica. Se impulsa la creación de una marca provincial que posicione a Loja como capital del café ecuatoriano.
Además, se ha comprendido que el valor agregado y el turismo sostenible son fundamentales. La Ruta del Café de Especialidad en la ciudad de Loja, con pasaporte y sello cultural, ya cuenta con 20 cafeterías participantes. Se proyectan nuevas fases que incluirán fincas y cafeterías en cabeceras cantonales.
El reconocimiento oficial de Loja como capital del café será una demanda ciudadana ante la Asamblea Nacional. Este esfuerzo puede integrarse con el patrimonio paleontológico, ecológico y cultural de la provincia, promoviendo un turismo educativo y sostenible.
Para consolidar este proceso, es vital enfrentar desafíos como los incendios forestales, la minería y las prácticas agrícolas inadecuadas. Se requiere liderazgo con visión, acceso a créditos, asesoría técnica y formación especializada. Loja, desde la primera planta sembrada, sueña con convertirse en el corazón cafetalero del Ecuador.
