Gonzalo M. Valverde
La ciudad de Loja, según Máximo Agustín Rodríguez, está rodeada por «los murmullos de dos juguetones riachuelos llamados Malacatos y Zamora, antes Guacunamá y Pulacu.
El río Malacatos, con el aporte de varias quebradas se origina en el Nudo de Cajanuma y realiza un recorrido de 15 kilómetros de Sur a Norte.
El río Zamora, formado por las quebradas Mendieta y Los Pizarros (llamados de minas) tiene un recorrido de 10 kilómetros hasta el lugar que se une con el río Malacatos. Estos 2 ríos unidos recorren unos 23 kilómetros de Sur a Norte hasta el lugar conocido como Las Juntas. Sí, es verdad que los ríos mencionados adornan la ciudad, pero no son «Dos juguetones riachuelos» porque hay épocas en las que sus aguas arrastran piedras, arena, sembríos, animales, viviendas y hasta seres humanos. Sus caudales son tan fuertes porque han ocasionado la destrucción de carreteras, puentes, etc. Todo esto ha causado dolores de cabeza a las autoridades que no atinan como superar los daños causados.
Pero hay un ‘tercer río’, que recorre 72 kilómetros, ocasionando tremendas riadas que forman muchos oleajes a una velocidad indescriptible pasando por montes, hondonadas y planicies. Esta riada está integrada por millares de personas que son guiados por nuestra madre santísima la Virgen de El Cisne.
Esta riada acoge a niños, jóvenes, adultos, ancianos y personas discapacitadas —que ayudados por sus amigos y familiares avanzan a cumplir con el propósito de surcar por el río que todo lo puede—.
La riada tiene un don divino, movido por la fe y la esperanza de aquellos que están cumpliendo sus promesas de sanación y milagros recibidos por LA CHURONITA.
En su recorrido todas las personas y quienes dirigen la romería son testigos de ver en unos la alegría de su participación, y en otros, dan testimonio de las lágrimas por la alegría de compartir el recorrido que hace la sagrada imagen, reforzando la devoción, fe y milagros que la Virgen les ha otorgado.
Claro que, en su recorrido, se fomenta las oraciones, las canciones religiosas y porsupuesto los llamados «tambos» que van desde el Cisne, San Pedro de la Bendita, Catamayo hasta llegar a la ciudad de Loja.
Los corazones de todos los fieles se preocupan de engalanar las calles con flores, globos, serpentinas, luces y otros adornos, contagiando una alegría infinita de recibir a la «VIAJERITA».
Que felicidad para Loja y su provincia el de recibir a esta riada que inclusive se bifurca por diferentes partes del Ecuador y el extranjero; por ello es imposible de calcular los millones de kilómetros que la fe mueve montañas, y el amor por María es infinito.
