Un collage de victorias ambiguas

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Hoy que las estadísticas amenazan, pues afirman que tres de cada diez ecuatorianos van a la pobreza, traigo esto para reflexionar, pues, se hace frente a la realidad con mesura, y recuperarnos del trauma, donde la experiencia sea empoderante. Hoy quiero compartir esta casuística.

Hace más de una década a un emprendedor le ofrecieron representar una gran marca, con un veinticinco por ciento de utilidad (porcentaje atractivo). Aceptó, desde luego, verificando los históricos de ventas, constató ese veinticinco por ciento de utilidad ofrecido.  El trato era sencillo, se hacía cargo del personal, es decir, operación administrativa y comercial.  La empresa dueña de la marca pretendía la tercerización para simplificar la operación.   Pero, en realidad buscaban despedir personal sin costo, pues, los obreros no fueron liquidados por la empresa dueña de la marca; por otra parte, querían renovar los vehículos vetustos, pero sin dinero propio, para eso llamaron al tercerizado.

Así el empresario entró en la negociación.  Pero, no detectó la trampa: los vehículos repartidores los ponía la empresa propietaria de la marca, y el tercerizado haría el mantenimiento; en el contrato se agregó que en caso de averías que no tengan reparación, el tercerizado haría la reposición del vehículo. Una vez firmado, ordenaron traslado de todos vehículos vetustos a la zona tercerizada, así obligaron una inversión imprevista, le quitaron la ganancia ofrecida, trasladándola hacia la entidad que financió la compra de los vehículos y, desde luego, lo enrumbaron a la quiebra.

En otro emprendimiento arrendó un local, pero, perdió las adecuaciones, por lo que, al cierre de la empresa, los dueños del inmueble se quedaron con todo. En una nueva etapa de vida comercial hizo un nuevo contrato de arriendo por un terreno que no daba condiciones comerciales, por lo que sería adecuado, mas, los propietarios no reconocían la adecuación. Así el arrendatario estipuló la condición de desmontaje de mejoras al término del contrato.  Pero, en la renovación del nuevo período contractual, no revisó, y esa cláusula fue cambiada por una frase ambigua, así, el dueño del terreno se apropió de una jugosa inversión por la mejora.

Estas argucias en los contratos no son una excepción, son una práctica contractual de estos tiempos, como una política incoherente a la justicia social, donde el pez rápido se come al pez lento, pero, donde con aparente espíritu socialista se quita a unos, para enriquecer a otros. Con este collage de victoria ambigua, donde “el pez astuto vive del justo, y el justo de su contra-trabajo”, quién puede contra el aparataje de despojo. No pudo ni el padre del Presidente de la República (actual), va a poder un ciudadano común.  Nadie puede con tal confabulación, pues, son ataques por todos los frentes, donde las instituciones del gobierno y terceros involucrados se convierten en persecutores, con una sola consigna, “despojar”.  

Conozco otras víctimas, así, el caso de un artesano, que fue invitado a abastecer a supermercados, donde los pedidos al mayoreo rebasan su capacidad de producción, pero, lo grave es el producto que perece en perchas, no le regularizan con notas de crédito, sobrevalorando las ventas, para que pague impuesto a la renta indebido y en exceso; más allá está la del crédito, pues, sin contrato alguno, el artesano vende a crédito, siendo el caso, que solo en uno de los supermercados acumula algo así como cinco meses sin pago, por la relación de poder.  Así le roban la utilidad y lo acorralan para la quiebra.  

Ante esta realidad invisible, hay que denunciar para que la opinión pública juzgue, para que los emprendedores sepan cómo se estafa en estos tiempos (con estrategias legales). Por esto, no se puede confiar ni siquiera en el Estado, donde pagamos servidores públicos, pero, también hay servidores de los servidores públicos, para desfigurar la misión del servicio público.             

Espero, que estas repeticiones de actos injustos, tramposos, y los atropellos, por encima de lo legal, donde se roba algo más importante que el dinero, la paz y la vida, que es el principal activo del humano, que tales experiencias no les enseñen a quedarse en el trauma, y que, a base de trabajo interno superen la desgracia. Asegurándoles que todo lo sufrido, alguien lo tendrá que pagar.