Pasar de un cambio de época a una época de cambios

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El título del artículo corresponde a la propuesta del filósofo José de Souza Silva y que significa, según el autor, “pasar de cambios que ocurren dentro de un sistema o identidad ya establecida a una transformación cualitativa y profunda que redefine la cosmovisión y los fundamentos de un periodo histórico, afectando de manera simultánea las relaciones de producción, poder, la experiencia humana y la cultura.

Los cambios de época no son una novedad para la humanidad; el último cambio histórico ocurrió hace más de 200 años, cuando la Revolución Industrial condujo a las sociedades desde el agrarianismo hacia el industrialismo, generando incertidumbre, discontinuidad, inestabilidad, desorientación, inseguridad, perplejidad y, por lo tanto, vulnerabilidad. Ahora, tres revoluciones —sociocultural, tecnológica y económica— están haciendo obsoleta la época del industrialismo y forjando la época del informacionalismo. Sin embargo, este proceso no ocurre de forma clara ni sin contradicciones”.

La realidad del Ecuador, según la organización Human Rights Watch 2025, parece que está en otro mundo: “En un contexto de frágiles instituciones democráticas, Ecuador ha vivido un fuerte aumento de la violencia del crimen organizado, que llevó las tasas de homicidios a niveles sin precedentes. Siguen sin abordarse problemas estructurales de larga data, relacionados, entre otras cosas, con el acceso a la salud, la educación y el empleo, lo que limita el disfrute de los derechos económicos y sociales”.

Para completar la reflexión les presentamos un fragmento del artículo “Cambio de Época” de Pedro Pierre: “Eso nos da a entender la afirmación de que el capitalismo se está implosionando desde el centro mismo del imperio norteamericano. No termina de morir mientras está surgiendo un nuevo orden internacional con la Alianza de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Las religiones no dan más: sus dogmas, su moral, sus instituciones, su clero… obsoletos que ya no interesan las nuevas generaciones; éstas buscan una espiritualidad más actualizada para enfrentar los desafíos presentes. El fracaso de la actual manera de vivir nos llevas al colapso por nuestra mala alimentación, el descuido de nuestra salud, la destrucción del medio ambiente. Nuestros esquemas de pensar no abastecen para entender lo que está naciendo con las nuevas tecnologías y las comunicaciones virtuales.

Todo eso es “el cambio de época” que se está desarrollando en este momento, cuya incrementación nos escapa porque nosotros mismos nos aferramos a un pasado en ruinas que añoramos. Somos nosotros mismos los que mantenemos del sistema capitalismo que se nutre de su propia destrucción y de la nuestra. Inconscientemente nos resistimos a este ‘cambio de época’: no queremos renacer a una vida más humana, a relaciones más armoniosas, a la fraternidad que necesitamos, a la comunión vivificadora con la naturaleza y el cosmos.

El papa Francisco en su Carta encíclica ‘Todos somos hermanos y hermanas’ nos sugería unos 4 caminos a seguir para conformarnos en una gran hermandad universal, esa utopía inscrita en lo más profundo de todos los humanos y del universo: ‘la fraternidad sin frontera, la amistad social, el amor político y una espiritualidad liberadora’… Para entrar en esta dinámica de vida y de amor, Jesús de Nazaret se dedicó a formar comunidades que optaban por ese camino de vida hacia más felicidad. Fueron los pobres de su época que entendieron el llamado y lo siguieron. Esta ‘Buena Noticia’ ha llegado hacia nosotros Hoy es la Iglesia de los pobres, la heredera del mensaje y testimonio de ese Jesús palestino. ¡Felices las y los que estamos empeñados en ‘esa locura’ que ilumina nuestras vidas y transforma la sociedad!”