Antonio C. Maldonado V.
El pasado 15 de septiembre fue una conmemoración más del Día Internacional de la Democracia, establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007 para reflexionar sobre la importancia de las sociedades libres y participativas y su rol fortaleciendo los valores democráticos que existen en una gran parte de los países que integran el globo terrestre. Nosotros vivimos en un país que resulta sumamente difícil no solamente comprender la definición sino la ejecución de los mandatos que obligan a las autoridades y a la ciudadanía cumplir mediante un molesto y repudiable trámite se tratara; por ejemplo, si el caudillo de turno nos agrada les celebramos sus abusos dictatoriales y si es del mando contrario gritamos dictadura produciéndose un desconcierto para la ciudadanía que no sabe si aplaudirlo o repudiarlo.
Según los estudiosos de algunos asuntos que se suceden en Latinoamérica, bloque que lo integramos proclamamos amor a la democracia, pero ante el estallido del primer problema preferimos un líder o caudillo fuerte que imponga orden y a veces aplaudiendo lo que ayer nos convino y nos sobresaltamos y combatimos solo cuando los atropellos provienen de los grupos adversarios.
De todos modos nos guste o no en el momento actual estamos atravesando por una cantidad de desafíos que ponen en riesgo la supervivencia de la democracia o que se la puede mantener parcialmente como ocurre en la mayoría de países del globo; la pugna permanente entre la Corte Constitucional y el Gobierno se va superando y a su vez el Poder Central disminuye sus pretensiones unilateralmente de convocar a la ciudadanía a Consulta Popular que se sumará al proceso electoral del y Referéndum para reformar la Constitución, que, de unificarse, el CNE confirmó que el presupuesto para el Referéndum y la Consulta Popular es de 59 millones de dólares, caso contrario se resolverá lo conveniente, esto nos pone en nuevos desafíos ya que no sabemos en que mismo terminará el problema del susidio a los combustibles que de mantenerse equivalente a lograr recursos frescos superiores a 8 mil millones, desde luego a largo plazo y con eso pagar atrasos y deudas pendientes en campos sociales.
En medio de esta desconcertante situación que vivimos tal vez hubiese sido mejor postergar el Referéndum para expedir una nueva Constitución; ya abemos por lo sucedido e interminable que la Constitución es buena cuando o en la parte que nos beneficia y es pésima cuando favorece a los que están en contra nuestra.
