Por: Sandra Beatriz Ludeña Jiménez
Caminando por Loja, en lo que es el tramo de la calle Colón entre Bolívar y Bernardo Valdivieso está la sede de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, núcleo de Loja, la que ahora, sin duda nos consuela, por la fusión de ministerios, pues, desapareciendo el Ministerio de Cultura, que ahora, fusionado queda con el Ministerio de Educación, por esto, la esperanza descansa en “La Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión”.
El hecho es que, en días pasados, un desvío en mis actividades, llevada por el corazón, y sin ser invitada caí perpendicularmente de cuerpo entero, pero dispersa en todas partes, como la mirada del poeta, y sin darme cuenta, estaba en la sala de exposiciones Ángel Rubén Garrido, donde se exhibía lo que fue “Memorás Pa’labrar”.
Encontré una serie de producciones de lo que desde 1.986 ha sido el Taller de Literatura Pa’labrar, perteneciente a la Casa de la Cultura de Loja. La exposición estuvo del 19 al 25 de septiembre del año cursante. Mirar cada fotografía fue sorprenderse y extasiarse, los recuerdos conmueven.
En realidad, habló el tiempo, un tiempo donde al parecer éramos mejores. Miré varias veces, como cuando tocaba un disco de 45 revoluciones en radiola prestada, volví a mirar con atención, para descubrirme en ellas, mas, no, no aparecía. Por esto, me miré hacia dentro y vi las imágenes grabadas en mí, donde yo me sentaba cerca, cerquita del doctor Luis Antonio Quizhpe, para que mis versos resuenen en él. Y cerraba los ojos, para que sus poesías queden en mí, no se olvida un verso suyo, que condena: “gacela indómita, andarás glaciares…”
Miguel Ángel Gallardo nos compartía las historias de su abuelo Hernán Gallardo, y leía esos primeros poemas, los que, entre lectura y lectura, formaron “El beso de Judas”.
Me encantaban la poesía de Patricia Salgado, aún me suena “Soledad de mis padres” y las poesías de Mónica Cuenca Ojeda, que hizo: “Del fuego que somos”. ¿Cómo no emocionarme? Si arden tantas vivencias, el doctor Pepito Imbaquingo alentando a seguir, a no parar, a escribir, seguir escribiendo. Y Patricio Guzmán y Beatriz Cárdenas con sus poemitas, con sus ocurrencias.
Ahora, al ver todo reunido, no solo es el latir intenso, por los recuerdos, sino por lo no-recuerdos, pues, al examinar asusta que, desde ese tiempo se borraba todo sobre mí, ya se quitaba mi rastro, pero, la verdad es, simplemente es, soy Pa’labrada.
En una pared de fotos individuales, encontré un retrato mío, extraído de las últimas publicaciones que realicé en España, con el apoyo del poeta Alfredo Pérez Alencart. Al fin suspiré, pues, no estaba borrada del mapa. Esto me recuerda que, alguien sació su morbo, al desaparecer la escuela donde estudié la primaria, escuela fiscal de niñas Eliseo Álvarez, pues, con pretexto de fusionarla con la escuela “Zoila Pacífico Alvarado”, mi escuelita querida, mi recinto de sueños, quedó extinta; de esa manera, hasta su edificación la entregaron al Colegio Pío Jaramillo Alvarado, como para no olvidar quién y por quién.
Vaya que las fusiones se meten con mi historia, vaya que los fusionadores intentan borrarme. De mi casa han desaparecido todas las fotitos de mi vida escolar, también de mi vida empresarial, cuando era una ejecutiva, cuando era líder en gestión empresarial. Acá, en la poesía, si no fuera por “Una vez el amor”, por “Tacto imposible”, o por “Poesía para el Glorioso”, ya estuviera allá, donde van a parar los malos recuerdos.
En fin, desde el año 2.002 hasta la fecha han pasado veintisiete años, veo en una de las imágenes que me compartió Jhuliana Calderón, los rostros de mis compañeros del taller de literatura, más alfa, más theta, más delta. Pienso, ¿acaso, el tiempo nos fusiona con el fuego que no somos?; ¿nos condena a andar glaciares?, y finalmente, ¿nos da el beso de Judas?
