Rafael Riofrío
El 12 de octubre de 1492 no fue un “descubrimiento”, sino el inicio de una invasión brutal. Aquel día, Cristóbal Colón llegó a tierras ya habitadas por pueblos con culturas milenarias, con sistemas de vida propios, espiritualidades profundas y armonía con la naturaleza. La llegada del imperio español trajo saqueo, exterminio y sometimiento. No hubo “diálogo entre dos mundos”, sino violencia, imposición por la espada y la cruz.
Han pasado 533 años, y todavía los grandes medios se refieren a este hecho como una hazaña gloriosa. Hablan de la “madre patria” pero encubren el genocidio indígena. Desde los sectores populares, debemos desmontar esos relatos falsos y reivindicar la verdad histórica contada desde las voces que por siglos han sido silenciadas.
Pero la historia no solo es tragedia, también es memoria de lucha. Desde 1492, nuestros pueblos no se arrodillaron sin resistir. Caciques, líderes, mujeres, comunidades enteras se levantaron para defender su territorio, su lengua, sus cosmovisiones. Esa resistencia no terminó con la colonia: hoy revive en las comunidades indígenas, en los sindicatos, en las calles y plazas.
Esa misma resistencia se expresa frente al gobierno de Daniel Noboa. Pueblos y nacionalidades indignados se alzan ante el paquetazo neoliberal, frente al alza del precio del diésel que golpea a los más pobres. La represión, el silencio mediático y el discurso oficial no han podido frenar la voz de quienes exigen justicia y dignidad.
La protesta social debe ser una herramienta para la liberación, debe nutrirse de conciencia crítica, como planteaba Paulo Freire, para leer y transformar la realidad. Las calles, al igual que las aulas universitarias, deben ser espacios donde se defienda la memoria colectiva, la identidad de los pueblos y la construcción de una sociedad justa.
Es hora de rescatar las luchas de Atahualpa, Rumiñahui, Quisquis, Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Bosco Wisuma, del comunero Efraín Fueres y tantos otros, que murieron defendiendo la vida y el territorio. Que se reconozca el derecho de los pueblos a protestar contra las políticas neoliberales que destruyen su forma de vida.
Mientras Noboa revive el colonialismo con imposiciones económicas, militarización, saqueo de recursos y represión. El 12 de octubre se convierte en una jornada de memoria y lucha; de unidad y resistencia que nos llama a defender la vida, el territorio y la justicia social.
