Luis Oñate
Alguna vez se ha preguntado ¿por qué, si Dios es todo poderoso y lleno de amor, permite que sucedan toda clase de pruebas? Y no hablo solo de pruebas a nivel personal, sino de aquellas que afectan incluso a muchas personas como las inundaciones o los terremotos. Lo natural sería pensar que Dios, al amarnos no debería permitirlas, pero esto no es así, Él las permite.
Las razones para ello las podemos encontrar en la escritura. El apóstol Pablo enseña que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28), esto implica que en el plan de Dios para nuestras vidas todo tiene un propósito divino, nada ocurre por azar, “de este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Efesios 4:7 NVI), es decir, que seamos cada vez más y más transformados a la imagen de Cristo Jesús. Parecernos a Jesucristo es la meta de todo seguidor del Maestro, por esto las pruebas y tribulaciones son necesarias para alcanzar dicha meta. “Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica” (1 Pedro 1: 6 -7 NTV).
Y no solo probará nuestra fe, sino que trabajará nuestro carácter. El apóstol Pablo escribía: “También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor” (Romanos 5: 3 – 5 NTV). Al final atravesando la prueba junto a Jesús comprobaremos que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).
Por supuesto, varias circunstancias difíciles que pueden sobrevenir no serán pruebas permitidas por el Señor, sino consecuencias de nuestros actos y malas decisiones. Si bien el Señor está presto a perdonarnos cuanto tenemos un genuino arrepentimiento, esto no necesariamente nos evitará afrontar las naturales consecuencias de nuestros actos.
Finalmente, una vez superada la prueba el Señor tiene preparada una gran recompensa: “Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman” (Santiago 1:12 NTV). ¿Está siendo probado? Ánimo, con Jesucristo tendrá la victoria.
