Literatura indisciplinada

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Por cultura general todas las personas tenemos cierto contacto con la literatura, sin embargo, algunas lo tenemos con mucha más intensidad y, otros con menos; por lo anotado, hoy vengo a hablar de ciertos géneros de literatura indisciplinada, pues hay quienes hacen literatura aun sin saberlo.

A lo largo del siglo XX el diario intimo que había pervivido en el ámbito privado, dejó de ser ese documento de registro testimonial íntimo, perteneciente a cada individuo, para convertirse en un género de literatura. Históricamente el diarismo que pasó de generación a generación como compañero, principalmente de mujeres, dio un salto, para ser considerado un género desbordado de la literatura, por su consistencia, su historia, su riqueza de contenido, aunque no observa las reglas de la literatura formal.

El diario íntimo con su escritura imperfecta sin guardar la estructura cerrada del relato, se alimenta del impulso cargado de inspiración al escribir, de la necesidad de pensarse a sí mismo sin intermediarios, por esta razón el autor peruano Julio Ramón Ribeyro, en la “Tentación del fracaso” (1.992), consideró al diarismo como un espacio de libertad, y desobediencia frente a las normas de la literatura formal, y así lo calificó como literatura indisciplinada.

Para Ribeyro en el diarismo había un laboratorio para la creación y el desarrollo del pensamiento. Y goza de tal riqueza porque en sus páginas el escritor se permite todo aquello que en los géneros literarios se reprime. Hablo de un desbordamiento total, un desfogue con el cual, el escritor es libre. La contradicción, la digresión, el fracaso; características que en géneros como por ejemplo la novela, donde serían debilidades, pues allí, se privilegia la coherencia, acá, en el diarismo las encontramos como fortalezas, pues se regodea en la dispersión.

La escritura de un diario se mueve sin destino fijo, por la pura necesidad de existir. Esa energía que emerge de tal impulso creador, ese surrealismo, en lo cotidiano, en lo efímero, en lo incierto adquieren entonces valor estético.

Al pensar en el diarismo como género literario, me nace la inquietud sobre el “periodismo de opinión”, también un género literario poco pensado, que guarda analogías con el diarismo.  ¿Acaso la escritura de opinión, no contiene también un desbordamiento? ¿Acaso el escritor de opiniones, también no deja en su escritura un desfogue? ¿No es cotidiana, efímera, e incierta su expresión cuando piensa, y analiza esas ideas que comparte para llevar a debatir a su audiencia?

El escritor del periodismo de opinión experimenta una mutación en la forma en que se concibe a sí mismo.  El paso de esas ideas, que fueron anotaciones en cuadernos, flotando en su inquietud, para saltar de lo privado a lo público, la escritura del “yo” se transforma en un acto de afirmación frente la uniformidad social.

Así, el periodismo de opinión es pensamiento que avanza al ritmo de la experiencia, una forma de observación permanente del “yo” en movimiento.  Escribir opinión equivale a ejercer una autocrítica constante. Un desvestir la consciencia, una práctica que no busca el reconocimiento, sino la comprensión.

El periodismo de opinión viene a ser un género literario indisciplinado, pues también quién lo escribe es libre, no está reprimido por las reglas formales acostumbradas, ni se encasilla en los cánones preestablecidos para la escritura de tales géneros. Es el escritor sosteniendo su consciencia frente a los tiempos turbulentos de cambio, sin promesas de triunfo.

Se asemeja al ensayo, aunque el escritor de opinión mantiene abiertas las preguntas, no busca la claridad como el ensayista, al contrario, privilegia la contradicción para llevar a su lector a pensar críticamente.

Así, en la actualidad, cuando la exposición del “yo” domina las redes sociales y la identidad se dispersa entre pantallas, cabe pensar en los géneros indisciplinados de la literatura, aquellos que conservan su sentido esencial, pues, funcionan como un diálogo repleto de riqueza, conciencia, autenticidad. Observación, pensamiento que encarna una forma de rebeldía contra la uniformidad.