César Eduardo BRICEÑO TOLEDO
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¿Cuántas veces, usted, estimado lector escuchó, solicitarle al nuevo mandatario, que, para encontrar la solución a este desastre nacional, era indispensable una Asamblea Constituyente? Debido a las falencias de la actual Ley fundamental; que, si bien es cierto, preserva la parte dogmática, de la plurinacionalidad y respeto del medio ambiente; debe corregir la parte orgánica, que creó otras dos funciones del Estado; que se convirtieron en protervos instrumentos políticos del poder de ese entonces.
También, estamos hartos por la inacción de los partidos políticos, que se convirtieron en simples tiendas partidistas, las cuales recibieron desde el 2009, más de 200 millones de nuestras escuálidas economías familiares; con sus sepultureros, ¡los asambleístas, de ayer y de hoy! Qué ante la inseguridad del país, que se ha incrementado inconmensurablemente, no precisamente durante este gobierno; sino desde los regímenes pasados, provocaron esta avalancha de inestabilidad social, que se ha ido acrecentando, desde que se permitió la “ciudadanía universal”, para qué, ciudadanos inescrupulosos y sin récord policial alguno, ingresen a mansalva, a nuestro país; o también, tratar como “ciudadanos recuperables” a los trúhanes; hasta convertirlos en diputados. Asimismo, hemos rechazado incrementar el número de asambleístas conforme a nuestra población, debido a su rol infructuoso en el legislativo.
Los ecuatorianos estamos conscientes, que debido a la limitación económica y tecnológicas, el ejército como la policía; se ven limitados en su actuación, ante el poder económico del narcoterrorismo; circunstancia por la cual, se requiere del apoyo internacional, que provean información, mediante acuerdos que se ciñan a nuestra Constitución, que no afecten a nuestra soberanía. Los partidos, no han hecho nada por renovarse, por el contrario, fueron presa de la narco política. Hemos escuchado, que mas que el numero de diputados, se requiere mejorar la calidad de los representantes, aunque pienso, que, si importa, porque de acuerdo a la población, en las futuras elecciones tendremos un número mayor de representantes; que, para mejorar la representación y la gobernabilidad seccional y nacional, hubiese sido imperativo las reformas políticas al Código de la Democracia; para mejorar la designación de las autoridades de elección popular.
¿Si así los pensamos antes, porque ahora sostenemos lo contrario? Obviamente, que, a la oposición, ¡le conviene mantener esta discrepancia política! Pero el resto de la población, que es la mayoría, debe pensar con cautela y leer los temas y anexos, de la Consulta y Referéndum.
Si la nueva Carta Magna, que sería la vigésima primera, contempla las reformas estructurales que el país necesita como establecer las matrices de la producción, economía, energética, IESS, salud y educación; entonces le conviene; porque supuestamente, las anteriores constituciones, poco o nada, mejoraron las condiciones del Ecuador. Aun nos, queda como recurso final, aprobar o no el texto, de la nueva Ley Suprema, que redacten los “honorables constituyentes” ; si aquella, atenta a los interese ecuatorianos.
