Efraín Borrero Espinosa
El día sábado anterior, junto a un grupo de colaboradores, estuve presente en la llegada de la Posta Cívica de la Lojanidad a la cadena radial Centinela del Sur / La Hechicera, dado que es un referente del barrio San Agustín.
En los momentos previos me causó grata impresión el esmero de toda la familia Coronel Vélez para que la casa reluzca a tono con las circunstancias. Hombres y mujeres de todas las edades, bajo la égida de María José Coronel Romero, cumplían su tarea para cubrir todos los detalles, demostrando al mismo tiempo que esa casa radial es parte fundamental de sus vidas y está hondamente arraigada a sus afectos.
La Posta Cívica de la Lojanidad emergió del entusiasmo de cuarenta y nueve moradores del barrio Máximo Agustín Rodríguez, situado en la intersección de las calles Catacocha y Bolívar. Se dice que César Cañadas, un lojano de corazón, lideró las acciones y encendió el fervor ciudadano. Eso ocurrió el 18 de noviembre de 1960 y el objetivo era constituirla en un símbolo de unidad, compromiso, orgullo, civismo y amor a nuestro terruño, recorriendo los barrios con la llama en alto.
Poco tiempo después el Alcalde y Concejales consideraron que la Municipalidad debe ser parte fundamental de la Posta, y no solo que se sumaron a ella sino que la asumieron para sí como un medio para conocer de cerca las necesidades y requerimientos de los pobladores, al tiempo de rendir un homenaje a la memoria de los patriotas que propiciaron el movimiento independentista de 1820.
En un reportaje publicado en Diario El Comercio con ocasión de las festividades novembrinas llevadas a cabo en el año 2014, se resalta que la ciudad de Loja estaba conformada por sesenta y cuatro barrios, distribuidos en las seis parroquias urbanas de la ciudad. “Cada barrio está integrado por cinco u ocho ciudadelas y en cada uno de ellos se desarrollaron programas especiales para recibir a la comitiva de autoridades”.
Eso ocurrió precisamente el día sábado, porque los moradores del tradicional Barrio San Agustín tenían a Radio Centinela del Sur como la niña de sus ojos y orgullosamente la sentían como propia.
Desde hace algún tiempo a ese barrio de la parroquia urbana de San Sebastián ya no se lo llama San Agustín, aunque en el sentimiento de pocas familias aún perdura, como también se conserva el recuerdo de las fastuosas fiestas populares de aniversario que Radio Centinela del Sur organizaba en la calle Olmedo, a las que asistía medio Loja.
Recordemos que Radio Centinela del Sur fue fundada el 18 de noviembre de 1956 por Flavio Ernesto Coronel Illescas, quien dio un emotivo discurso entregando a las autoridades y a la ciudadanía esa radiodifusora llamada a ser la defensora de las inquietudes y aspiraciones del pueblo lojano; de esa forma la constituyó en depositaria de los anhelos populares.
Pocos años después, su hermano José Coronel Illescas, a quien lo llamábamos afectuosamente “Don Pepe”, junto a su esposa, Mariana Vélez de Coronel, asumieron el reto de administrar la radioemisora pensando siempre que debía promover el desarrollo cultural, social y comercial de Loja, y con la certeza de que se convertiría a lo largo del tiempo en la emisora más legendaria y representativa de la ciudad de Loja, como en efecto ha ocurrido.
Siendo depositaria de los anhelos y aspiraciones de los lojanos, Radio Centinela del Sur dio cabida a la fecunda labor periodística del ilustre lojano y eminente médico, Hugo Guillermo González, para que con su voz altiva y valiente defienda los derechos de los ciudadanos. Su hijo, Hugo González Carrión, radicado en París acumulando éxitos cada vez más crecientes en su brillante carrera profesional en medicina, dice que “esta prestigiosa radioemisora, ícono de Loja, le brindó a su padre la posibilidad de hacer un periodismo de vocación y auténtico, donde los principios éticos de la práctica profesional eran rigurosamente respetados.
Tenía dos intervenciones semanales: “Comentarios de la semana” y “El médico en su hogar”. En el primer espacio abordaba sin complejos los problemas de la ciudad, “los más palpitantes” como a él le gustaba decir. Era una antena libre y sin restricciones”.
Pero el programa que más hondamente caló en el sentimiento de las gentes fue la “Cabalgata cívica por los barrios de Loja”, que se llevaba a cabo en las semanas que precedían a las fiestas del dieciocho de noviembre de cada año, y en las que se dedicaba a auscultar, como él decía, uno a uno los problemas más acuciantes.
A Hugo Guillermo Gonzalez lo recordamos por su inteligencia, su hombría de bien, dinamismo, su entusiasmo al servicio del adelanto de Loja y el ejemplo de cómo querer y luchar por la ciudad.
Estoy seguro, sin temor a equivocarme, que “La cabalgata cívica por los barrios de Loja” fue la antesala de la “Posta Cívica de la Lojanidad,” que en este año cumple sesenta y cinco años de existencia.
También estoy seguro que esos eventos abrieron el camino motivacional para que sesenta gallardos estudiantes del glorioso Colegio Bernardo Valdivieso partieran a la ciudad capital, el día seis de marzo de 1970, en la histórica Posta de la Lojanidad, a fin de entregar en sus manos al Presidente de la República, José María Velasco Ibarra, un pliego de peticiones sobre las más acuciantes necesidades de Loja, especialmente la construcción del Hospital Regional.
Camilo Borrero, que fue uno de los protagonistas, escribió con honda emoción: «En un gesto heroico esa juventud Bernardina recorrió a pie setecientos sesenta kilómetros por el largo y tortuoso camino que conduce a la ciudad de Quito, soportando sed, frío, fatiga, etc., pero sus ansias incontenibles hacía que todo ello les pareciera poco comparado con la meta que su espíritu abrasado de fuego se había propuesto: llegar a la capital y decirle al Jefe de Estado: ¡aquí está esta porción de la juventud lojana que viene a reclamar la falta de atención a las obras fundamentales de la ciudad de Loja!».
«La actitud viril tomada por la juventud Bernardina rubricó con letras empapadas de sudor y fatiga una de las más brillantes páginas de la Historia Patria, que no se volverá a repetir por su característica, originalidad y espontaneidad».
¿Por qué evocamos la lojanidad? Porque es la que nos define y confiere identidad. Es el conjunto de características, valores y expresiones que nos distinguen; en ella está el orgullo de ser lojano y nuestro sentido de pertenencia. Abarca la riqueza histórica que da razón de hechos que han marcado hitos a nivel nacional y de ilustres personajes que han generado grandes transformaciones aportado al desarrollo nacional. Está el acervo cultural y artístico del que hacemos gala, así como las costumbres, tradiciones, gastronomía e idiosincrasia que marcan una diferencia con el resto del país.
La lojanidad entraña al ser lojano que con hidalguía y valor ha defendido su dignidad frente a las adversidades, mezquindades e injusticias del poder central, como lo hicieron Manuel Carrión Pinzano y los sesenta corajudos bernardinos. Somos ese ser lojano que sólo se arrodilla ante Dios.
